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Archive for 20 diciembre 2009

J.G.Frazer, en su conocida La rama dorada (1890), ya describió la manera en que las fiestas paganas fueron aprovechadas por los orígenes del cristianismo para captar las “clientelas” de las religiones rivales. El dios persa Mitra se encontraba entre estos rivales, y su culto y doctrina tenían mucho que ver con el cristianismo (semejanza que fue interpretada por los padres de la Iglesia como obra del diablo).

 

Mitra no era un ser humano, a diferencia de Jesús, sino sólo un personaje mítico que representaba el espíritu del Sol Invencible, en la línea de todos los cultos agrarios que celebran la muerte y el renacer de un dios solar que refleja el ciclo constante de la naturaleza. El día de devoción de Mitra era el domingo, y su natividad se celebraba el 25 de diciembre (Natalis Invicti); sus ritos, entre los que se incluía una comunión que no era permitida a las mujeres, se celebraban con una campana, un libro y una vela, igual que la iglesia romana; sus sacerdotes insistían en el control moral y la abstinencia; predicaban la doctrina de un cielo y un infierno, el sacrificio expiativo, la inmortalidad del alma, la resurrección de la carne…

El hecho de que Mitra fuera solo un mito, frente a la figura real de Jesús debió influir en el triunfo del cristianismo sobre el mitraísmo, que ya estaba muy extendido entre las legiones en el s.III, junto al hecho de que frente a las Sagradas Escrituras, la religión persa sólo contara con una tradición secreta. Por otra parte, en sus fiestas había cierto libertinaje salvaje que chocaban con la clase de la burguesía oriental y romana. Robert Graves (Los dos nacimientos de Dioniso, 1980) señala que San Pablo debió copiar del mitraísmo la sustitución del sábado por el domingo y las leyendas de la Natividad. El rito de la comunión, que no figura en los cuatro evangelios, introducido por San Pablo como una revelación divina de Jesús, debió ser una imitación del rito militar mitríaco, cuyos elementos originales eran el agua (el vino se introdujo con posterioridad) y el pan.

Por otra parte, como los evangelios no dicen nada del nacimiento de Jesús, la Iglesia no lo celebraba en sus orígenes. Pasado un tiempo, los cristianos de Egipto comenzaron a celebrar el 6 de enero (día de la fiesta del dios del tiempo eterno Aión en Alejandría) como el día de Navidad, y celebraban el nacimiento del Salvador, de forma que esa costumbre ya estaba implantada en el s. IV d.C. en la Iglesia oriental. Pero la iglesia occidental, con el Papa Julio I, adoptó en el año 337, la fecha del 25 de diciembre, que se impuso sobre el 6 de enero también entre los cristianos de la iglesia oriental, dejando esta última fecha para la celebración de la Epifanía. La razón de esta sustitución parece que fue hacer coincidir la celebración con la costumbre pagana de celebrar el nacimiento del Sol con fiestas y luminarias, fecha que el emperador Aureliano (en el 274 d.C.)  había fijado el 25 de diciembre para celebrar el solsticio de invierno (Día del Sol Invictus). Los cristianos también participaban en las fiestas, de forma que era fácil mantener el festejo, por lo que san Agustín exhortaba a los cristianos a celebrar el día solemne no en honor del Sol, sino en honor del que hizo al sol. Hubo, pues, una transferencia de devoción.

Pese a que el calendario mundial se basa en la fecha del nacimiento de Jesús para hablar de tiempos a.C. y fechas d.C., las sagradas escrituras no dicen nada sobre esa fecha. Hacia el año 515, el Papa San Hormisdas encargó a Dionisio el Exiguo que ordenara los textos canónicos de la Iglesia, y fue este sacerdote el que sustituyó la contabilidad que hacía referencia a los emperadores por la que se basaba en el año del nacimiento de Jesús, el annus Domini. Fue él quien estableció, a partir de los textos, que Jesús nació el 25 de diciembre del 753 ab urbe condita, parece ser que sin tener en cuenta los años de reinado de Octaviano antes de que se proclamase emperador Augusto, y sin contar el año cero.

Anno Domini (Flight into Egypt)
Edwin Long (1829-1891)

 

Se sabe que Jesús nació en Judea en tiempos de Herodes, del que se ha determinado que murió el 750 del calendario romano, fecha coincidente con el 4 a.C.  Si esto es así, Jesús debió nacer antes de esa fecha. En el año 7 a.C., tal y como señaló Kepler en 1603, se dio una gran conjunción astral o stellium el 1 de marzo: el Sol, la Luna, Venus, Júpiter y Saturno coincidieron en el signo de Piscis, acontecimiento que ha hecho pensar en la gran estrella de Belén. La alusión del Evangelio de San Lucas (Luc. 2, 1-8) a un edicto de César Augusto para que se empradronase todo el mundo hace pensar en el primer censo del Imperio romano, que se decretó el 8 a.C.  Esta obligación de empadronarse debió ser conocida en Nazaret un año después, y cuando José fue con su mujer a Belén para cumplir el trámite, ella dio a luz a su primogénito. Por lo tanto, el año 2010 debe sumar esos siete años de diferencia, y en tal caso el próximo será el año 2017.  

En cualquier caso,

BONA SATURNALIA y FELIZ AÑO NUEVO  A TODOS.

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