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Archive for 18 junio 2010

La palabra antropología está compuesta de los étimos griegos ánthropos y logos, es decir, literalmente significa “ciencia del ser humano”. Como tal discurso epistemológico se inicia en la segunda mitad del s. XIX, pero ya ha habido previamente una considerable evolución de sus planteamientos. Con el surgimiento de nuestra propia cultura comenzó la propia reflexión sobre el ser humano. Pero ¿qué se entiende por ánthropos?

Homero (Od. IX, 191) dice que el hombre es un ser mortal que come pan, y opone esta especie a la de los cíclopes caracterizando al hombre, además, como “constructor de naves” (Od. IX, 125-ss).

Platón defendía el nominalismo o cierta teoría mágica de la palabra por la cual el significante refleja la esencia del referente, tal como aún mantienen algunas tribus: si se pronuncia el nombre de alguien, se le puede dominar. En el Cratilo (399 c) pone en boca de Sócrates una definición de ánthropos como “aquel que examina lo que ha visto”.

   “La palabra ánthropos significa que los demás animales no examinan ni analizan ni contemplan nada de lo que ven, mientras que el ser humano, al mismo tiempo que está viendo una cosa (y es lo mismo que decir “está mirando”), la contempla y da razón de eso que está mirando. Según esto, el ánthropos es el único de los animales que es llamado con propiedad “ánthropos”,es decir, “que contempla lo que ha visto”.

En este intento de diferenciar el ser humano de los demás animales, Alcmeón de Crotona había percibido con claridad una diferencia: “El hombre es diferente porque sólo él comprende; los otros, en cambio, sienten pero no comprenden, de modo que el entender y el sentir son distintos, y no lo mismo” (citado por Teofrasto, De Sens., 25).

La proximidad con los animales es obvia: Platón lo escenifica en el Protágoras con el mito de Prometeo y Aristóteles define al hombre con su famoso zôion politikon. En el otro extremo, para el hombre griego el humano es pensado a partir de la divinidad que los diferencia de los Inmortales; porque en el contexto griego existe una jerarquización clara en tres niveles: los dioses, los hombres y los animales:

El ser humano disfruta de una parcela claramente delimitada entre las divinidades -a las que les acerca el logos– y los animales (Anaxágoras dirá que el hombre es inteligente porque tiene manos, frente a Aristóteles, para quien la inteligencia permitió al hombre desarrollar el uso de las manos).

El logos eleva al hombre a un estado próximo a la divinidad y, con el desarrollo de sus potencialidades, se involucra en un proceso de perfeccionamiento que se traduce en las conquistas materiales del hombre, el progreso. Dicho progreso comienza con la habilidad técnica, con la que se relaciona la definición homérica de “comedor de pan” y “constructor de naves”: ni el pan ni las naves pertenecen a la naturaleza, sino que son elaborados con las manos, con lo que el Hombre domina la naturaleza (a diferencia de las culturas orientales, el hombre griego no se ve como parte de la naturaleza, sino que ésta es algo externo que hay que dominar).

Esquilo, en su Prometeo encadenado había recurrido al mito del conflicto entre Zeus y Prometeo, describiendo la creación de la civilización que hace al hombre superior a los animales como un don de Prometeo:

            “Y ahora oíd las penas de los hombres;

            cómo les convertí, de tiernos niños

            que eran, en unos seres racionales.

            Y en mis palabras no tendrá cabida

            el reproche a los hombres; lo que intento

            es mostrar la bondad de mis favores:

           ante todo, veían, sin ver nada,

          y oían  sin oír; cual vanos sueños,

          gozaban de una vida dilatada,

         donde todo ocurría a la ventura:

          ignoraban las casas de ladrillos,

         al sol cocidos, la carpintería.

        Vivían bajo tierra en unas grutas

         sin sol, como las próvidas hormigas.

         Ignoraban los signos que revelan

       cuándo vendrá el invierno y la florida

       primavera y los frutos del estío.

       Todo lo hacían sin criterio alguno

       hasta que, finalmente, de los astros

      les enseñé a auspiciar orto y ocaso.

        Y el número, el invento más rentable,

         les descubrí, y la ley de la escritura,

         recuerdo de las cosas, e instrumento

         que a las Musas dio origen. Fui el primero

         que sometió las bestias bajo el yugo,

Y al arnés; y al jinete esclavizadas,

y las más duras fatigas soportaron

en lugar de los hombres. Bajo el carro

yo sometí el caballo, humilde al freno,

y vana ostentación de la riqueza.

Nadie más sino yo el marino buque

de alas hechas de lino, descubrió,

y que errático el ponto va surcando…

(v.442-ss; traduc. de José Alsina)

En el s.V de la Grecia clásica, el hombre desarrolla un sentimiento de euforia por el progreso técnico conseguido que le permite superar la falta de defensas. Esa falta de defensas es la que ha llevado al hombre a vivir en polis frente a los otros animales.

En el Protágoras, Platón explica la teoría del origen de la cultura a partir del mito de Prometeo (320d-323): los animales, nacidos de una mezcla de los elementos, dotados por la naturaleza de diversas capacidades y protecciones ante las inclemencias del tiempo, resultaban superiores al hombre, nacido después. Esa superioridad física de los animales queda contrapesada por la capacidad intelectual del hombre, que se basa en su capacidad racional. Gracias a esta capacidad el hombre puede, además de inventar el vestido, la preparación de alimentos, las armas, etc, producir la cultura de manera paulatina, y la desarrolla con el lenguaje, la religión y el estado. El logos divino, que preexiste a la capacidad técnica del ser humano, se desarrolla en el hombre a partir de su esfuerzo: el lenguaje articulado y las invenciones técnicas son efectos del logos, pero es el desarrollo de la capacidad moral, aidos, y la conciencia de su posibilidad de tener una vida social ajustada a derecho, la díke, las que llevan a la fundación de las ciudades.

           

El robo del fuego aproxima al hombre a la divinidad, le hace superior: el hombre pertenece a la naturaleza en cuanto que está hecho de los mismos materiales, pero estar dotado de logos le hace antinatural. La definición aristotélica de  es resultado de una lenta evolución que surge, de manera innata, por la presión de la necesidad. El arte político, que pertenece a Zeus (321 d), implica unas virtudes concretas, la justicia y la moralidad: ambas posibilitan la supervivencia de la especie humana y hacen al hombre verdaderamente ánthropos (322d).

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“Mi primer…”, es una nueva colección de ALFAGUARA de libros  ilustrados, coleccion ideada y coordinada por Arturo Pérez-Reverte. La finalidad es dar a conocer a grandes autores literarios a los niños menores de diez años.
En Mi primer Arturo Pérez-Reverte se cuenta la batalla de las Termópilas, con un niño como testigo de los acontecimientos y una importante misión que cumplir, contar en Esparta lo que los hoplitas han vivido y cómo han muerto. Las ilustraciones son de Fernando Vicente.

http://www.librosalfaguarainfantil.com/es/libro/mi-primer-arturo-perez-reverte-el-pequeno-hoplita/

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