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Archive for 30 septiembre 2010

TICs y LENGUAS

El proximo mes de noviembre se celebra el

I Encuentro de Profesores de Lenguas y TIC (Esplu(L)lengües), donde seguro que los profesores de Clasicas aportan su granito de arena.

Puedes ver el programa aqui. (Recordemos que, de aprobarse la propuesta de Conselleria, para el reconocimiento de sexenios sera necesario un minimo de 20 creditos de formacion en actividades tecnicas, bien sea en el area de TICs, bien en el de las lenguas extranjeras).

Acudiran Boris Mir, Teun van Dijk, Jordi Gim…

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DIALOGOS DE LOS DIOSES

La editorial valenciana TILDE mantiene estre sus colecciones una dedicada al mundo de la Cultura Clásica. Ha publicado versiones  de la Eneida de Virgilio, de Las Metamorfosis de Ovidio, de los poemas homéricos… Ahora presenta una novedad en su colección al publicar una nueva traducción de los Diálogos de los dioses de Luciano de  Samosata con una propuesta didáctica para cada diálogo.

(Ver ficha)

Estos Diálogos de Luciano presentan algunos de los mitos más conocidos de la Mitología Griega, lo que convierte al libro en una atractiva lectura para alumnos de Secundaria, tanto de  Cultura Clásica como de Bachillerato.  De Zeus a Dioniso, todos los dioses del Panteón Homérico (excepto Poseidón, que sólo aparece tangencialmente) protagonizan alguno de los diálogos. Y junto a ellos, otros protagonistas como el hijo de Helios, Faetón, el titán Prometeo, Selene, los hermanos de Helena, Cástor y Pólux, Pan, y el omnipresente Eros. Los mitos que se retratan en cada diálogo son:

1. Prometeo encadenado.

2. Las metamorfosis de Zeus.

3. Ío convertida en ternera.

4. El rapto de Ganímedes.

5. Los celos de Hera.

6. Ixión y Nefele.

7. El nacimiento de Hermes.

8. El nacimiento de Atenea.

9. El nacimiento de Dioniso.

10. La gestación de Heracles.

11. Selene y Endimión.

12. Los dioses y el triunfo del Amor.

13. Las hazañas de Heracles.

14. El mito de Jacinto.

15. Los matrimonios de Hefesto.

16. Los hijos gemelos de Leto, Apolo y Ártemis.

17. El adulterio de Afrodita.

18. Dioniso y el vino.

19. Las diosas inmunes a Eros.

20. El juicio de Paris.

21. Zeus todopoderoso.

22. Pan y la paternidad de Hermes.

23. Los hijos de Afrodita.

24. Hermes y sus atribuciones.

25. La caída de Faetón.

26. Los dioscuroi Cástor y Pólux.

En esta versión cada diálogo está ilustrado con una o dos imágenes de cuadros de la Historia de la pintura, que están en blanco y negro pero que la editorial ha agrupado y colgado en la ficha del libro en su web para poder apreciar las imágenes mejor. El objetivo de las actividades planteadas es, junto a la ampliación de los conocimientos sobre la mitología griega, el desarrollo de la comprensión de la vinculación entre las artes, especialmente la relación entre Literatura y Pintura, tal y como ya plasmó Horacio en su ut pictura, poiesis.

Al final de la lectura, el alumno logra la identificación de las divinidades por sus diferentes atributos, lo que sin duda facilitará el entendimiento posterior de otras muchas obras pictóricas.

En el marco del desarrollo de las competencias en los alumnos de Enseñanza secundaria, se persigue la utilización de las distintas fuentes de información, por lo que entre los ejercicios son numerosos los que exigen el uso de las TICs.

Si quieres ver las fotos de los cuadros, pulsa aquí.

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(Tema 8 PAU Comunidad Valenciana, curso 2010-11)

Hesíodo dice que “Hay, sobre la tierra fecunda, treinta mil Inmortales que, por el poder de Zeus, vigilan a los hombres mortales”, y para conocer la voluntad de los dioses, el hombre griego necesita comunicar con ellos. De ahí la gran importancia de los cultos oraculares: la consulta del oráculo era, para el hombre griego, un acto fundamental.

Los textos han permitido conocer la diversidad de los distintos oráculos (de Zeus, de Apolo, de Asclepio…) que, en general, tienen dos tipos de actividad: la adivinación por las señales y la interpretación de los signos (el chillido y el vuelo de los pájaros, el rumor del follaje, los movimientos del agua, la consulta echando las habas…) y, por otra, la adivinación inspirada. En un mismo santuario varían las formas de consulta.

Los santuarios se establecían en lugares sagrados donde, generalmente, había un árbol sagrado (roble, olivo…). El templo estaba custodiado por sacerdotes de la divinidad que cuidaban del recinto y de los sacrificios, además de sus tareas religiosas.

Además de las distintas ocasiones en que un griego consultaba un oráculo para conocer el porvenir, justificar acciones pasadas o pedir consejo para tomar decisiones, existía un tipo de cultos secretos, permitidos solo a los iniciados, que se justificaban por el deseo de encontrar respuestas a cuestiones como la muerte o el más allá. El aspirante, hombre o mujer de cualquier clase social, debía cubrir una serie de etapas antes de ser admitido y recibir la revelación del misterio. Son una mezcla de creencias, orgía y rito con la promesa de la inmortalidad en el más allá. Los dioses a los que se adoraba en estos ritos eran: Deméter, Perséfone, Dioniso, Orfeo y, ya en Roma, dioses procedentes de cultos orientales como los egipcios Isis y Osiris, o el persa Mitra.

Los cultos públicos de ceremonias grandiosas eran siempre algo fríos e impersonales: se dirigían a los dioses en aras de la prosperidad colectiva, pero no se interesaban lo suficiente por la felicidad individual en esta vida y en la otra; incluso el culto de los muertos se preocupaba por el alimento de las “sombras”, aunque no garantizaba la felicidad en el más allá. Frente a esto, las religiones mistéricas prometían una inmortalidad dichosa, al margen de todo concepto de conducta meritoria o pecaminosa; su finalidad era la salvación individual de los hombres. La palabra mysterion implica la idea de secreto reservado a cierto número de privilegiados Hubo dos cultos importantes en Grecia: los misterios de Eleusis, culto relacionado con una serie de ritos que pasan por ser los más antiguos del mundo griego, cuyo santuario está dedicado a Démeter, y el oráculo de Apolo en Delfos.

1. LOS MISTERIOS DE ELEUSIS

Los Misterios de Eleusis o misterios eleusinos, reconocidos y protegidos por Atenas, fueron los más extendidos y los de mayor prestigio. Consistían en una serie de doctrinas y prácticas en torno a la figura de las diosas Deméter y su hija Perséfone, como diosa del mundo subterráneo. Su culto implicaba los “mystes”, los “elegidos” que gracias a su iniciación gozarían de una suerte diferente en ésta y en la otra vida. Sus ritos se hacían a la luz pública, con procesiones de la ciudad hasta su santuario en Eleusis, cerca de Atenas, y el secreto se reservaba para el interior del templo. Se sabe que allí los iniciados se sometían a una serie de pruebas por las que sufrían una conmoción emocional (no esotérica) que los transformaba interiormente, algo así como una iluminación mística. Las ceremonias que tenían lugar en el gran salón Telesterio de Eleusis, reflejaban la transformación del grano en espiga, la del hombre que sabe que volverá a la tierra y busca la salvación.

Maqueta del santuario vista desde el SE (Academie de Poitiers,

El día 14 del més de Boedromión, los “objetos sagrados” (hiera) contenidos en una cesta, se llevaban con gran pompa desde Eleusis hasta Atenas. El día 15 era día de vigilia. Los iniciados, que habían alcanzado esa categoría un año antes, durante los Pequeños Misterios que se celebraban en Agra, junto al Iliso, se reunían en Atenas, en el Eleusinion, en el Pórtico de las pinturas: se admitía a todos, incluidos los esclavos y los bárbaros, excepto los homicidas sin purificar y aquellos cuya voz no era “inteligible”. Al día siguiente, el 16, se dirigían al mar, en la ensenada de Falero, y, al grito de los sacerdotes de “al mar, mystai!” se tiraban al agua con un lechoncillo destinado al sacrificio. Tras esa purificación permanecían otros dos días en Atenas, y el 19 partían en solemne procesión entonando himnos, detrás de los objetos sagrados, con paradas en los santuarios que bordeaban la vía sacra, y llegaban a Eleusis para la puesta de sol.

El día 20, pues, era la llegada a Eleusis, y pasaban toda la noche de llegada en vigilia entre danzas y cantos; se celebraba una ceremonia en torno al pozo Callichore, en ayunas, con nuevas ofrendas y purificaciones. El 21, 22 y 23 eran propiamente los días de los Misterios, después de los cuales la multitud todavía tenía tres días de juegos gímnicos y dramáticos. El día 21 de Boedromion los candidatos superaban el primer nivel de iniciación, la teleté. El día siguiente se dedicaba a los muertos: cada iniciado llenaba de líquido dos vasos de forma especial con los que hacían libaciones a la tierra.

Feliz quien goza, entre los hombres, de la visión de estos misterios. Pero quien no haya sido iniciado en los ritos santos no tendrá el mismo destino cuando llegue, tras la muerte, a las tinieblas profundas”, así canta el himno homérico a Deméter.

Los sucesos que rodean a la fundación de Eleusis son descritos en este Himno Homérico, de alrededor del siglo VII ac. Un día, cuando Perséfone, hija de Deméter, estaba recogiendo flores en los pastos, fue abducida por Hades, dios del mundo subterráneo. Su madre la buscó en vano, y supo, gracias a Helios, que había sido retenida por Hades. Apenada, Deméter, que incluso averiguó que su esposo, Zeus, estaba implicado en el rapto, dejó el Olimpo. Vestida como una simple mujer entre los mortales encontró morada en el palacio del Rey de Eleusis, Keleos, y su mujer Metaneira. En gratitud por su amable hospitalidad, Deméter fundó un templo en Eleusis y reveló que era una diosa. Para castigar a los dioses del Olimpo hizo que muriese toda vegetación sobre la tierra, amenazando a la humanidad con su extinción. Los dioses temían no obtener más sacrificios y oraciones de los mortales e imploraron a Deméter que devolviese la fertilidad a las tierras. Esta petición no fue satisfecha hasta que Zeus ordenó a su hermano Hades que devolviera Perséfone a su madre. Ambas volvieron al Olimpo, pero desde entonces Perséfone tenia que pasar un tercio del año con su esposo en el mundo subterráneo. Cuando lo hacia, el invierno reinaba sobre la tierra, cuando Perséfone volvía a la Tierra en primavera, el mundo vegetal despertaba con flores y frutos nuevos.

Antes de que Deméter volviese al Olimpo, dio a los reyes de Eleusis instrucciones para celebrar los ritos en su templo. Estos eran preceptos secretos, misterios para ser guardados. Divulgarlos o profanarlos podía ser castigado con la muerte. Deméter dio a Triptolemus, el primer iniciado de Eleusis, una rama de trigo y encomendó instruir a la humanidad en la agricultura.

El culto a Deméter y Perséfone en Eleusis, que inicialmente tenía un mero interés local, pronto comenzó a ser importante para la ciudadanía ateniense, llegando a convertirse en una institución pan-helénica de importancia universal.

Cuál era el mensaje revelado en Eleusis no se puede saber con detalle, ya que el velo del misterio, mantenido por un estricto mandato de silencio, nunca fue levantado tras el paso de los milenios. Tan sólo podemos obtener una idea de los Misterios y su significado espiritual examinando el testimonio de grandes iniciados. No se puede hablar de una nueva religión en Eleusis. Esto quedaría descartado ya que los iniciados, al volver a sus tierras tras los misterios, permanecían fieles a sus religiones autóctonas. Más bien, los iniciados debieron recibir enseñanzas sobre la esencia de la existencia humana y el sentido de la vida y la muerte. Tuvo que haber sido un encuentro con lo inefable, un encuentro con lo divino, y solo podía ser descrito con metáforas. Es sorprendente que la experiencia eleusina es descrita una y otra vez en antítesis: oscuridad y luz, terror y beatitud... Se conocen oraciones de los Misterios, ofrecidos a Mnemosyne, diosa de la memoria, implorándole a que despertase y mantuviese viva en la memoria la sagrada iniciación y que la iniciación persistiese iluminando su vida y experiencia transformativa.

Los Misterios Menores, o preparatorios, eran celebrados en Atenas en el mes de las flores. Durante la procesión se celebraban ritos, sacrificios y ceremonias de purificación en público, por eso se han podido conocer en detalle. En el sexto día se celebraban ritos, sacrificios y ceremonias de purificación en Eleusis, en las afueras del santuario. Estos también han sido ampliamente documentados. Lo que ocurría luego aquella noche en el clímax de la ceremonia eleusina, dentro del telesterion, ha permanecido en el misterio.

Lo que sí sabemos es que antes del clímax de la iniciación, una poción secreta era administrada, el kykeon, compuesto de cebada y menta. En tiempos recientes, estudiosos de Eleusis han avanzado la hipótesis de que el kykeon tuvo que contener algún compuesto alucinógeno. Esto explicaría la capacidad de los sacerdotes para inducir en cientos de iniciados simultáneamente una visión extático-visionaria.

Según el profesor Bernabé existen unos rasgos generales que aparecen en estas celebraciones, entre los que destacan:

  1. Hay una iniciación. En algunos casos lo característico es que esta iniciación está abierta a ambos sexos y tanto a ciudadanos como a no ciudadanos. En Eleusis, sólo pueden iniciarse personas adultas y que supieran hablar griego.
  2. Hay en ellos un fuerte componente agrario, que se manifiesta tanto en la relación de los mitos que los sustentan con los ciclos de la naturaleza. como de un modo más físico, porque forma parte del rito la ingestión de productos del campo, como vino o cebada. La ingestión de vino presenta otro aspecto que podríamos denominar en términos eufemísticos, la expansión de la conciencia, una cierta huida del estrecho marco del yo. Teorías poco contrastadas hablan del uso de alucinógenos.
  3. También hay un fuerte componente sexual. Pero no malinterpretemos la afirmación. No se trata de orgías dignas de una película X, sino de que el culto es una exaltación de la vida y tal exaltación se manifiesta, por ejemplo, en la exhibición de representaciones de genitales.
  4. Se acompañan de mitos, que generalmente hablan de dioses que sufren, incluso que mueren, aunque habitualmente tras la extrema caída vuelve su recuperación, su resurrección y su gloria.

Todo ello apunta a que en los orígenes de estos ritos mistéricos pueden estar, por una parte, ritos de iniciación y por otra, ritos agrarios, y que la unión de iniciación, exaltación agraria y sexo pueden ser los vehículos de representar en el rito el triunfo de la vida sobre la muerte. Los componentes básicos de los rituales son tres: acciones (drómena), visiones (horómena) y un tipo de texto pronunciado (legómena).

(Ptutonion, cueva sagrada en el santuario de Eleusis)

El culto de Eleusis fue controlado por el estado casi desde sus comienzos, en el 590 hay una ley de Solón que regulaba un asunto de los Misterios, lo que indica que ya en aquel tiempo las decisiones sobre Eleusis se tomaban en Atenas. Existen muchos decretos reguladores, de la Asamblea ateniense, que muestran hasta qué punto era evidente la tutela de las instituciones sobre este fenómeno religioso.

2. EL ORÁCULO DE DELFOS

Apenas salido de los brazos de tu madre querida,

ya eres el amo del oráculo divino, ya te sientas en el trípode de oro,

en el trono de la verdad, dispensando tus oráculos a los mortales,

desde el fondo del santuario profético

cercano a las ondas de Castañia “

(Eur. Ifigenia en Taúride, 1249-ss)

Fue frecuente en Grecia la práctica del arte adivinatoria. El mantis (adivino) gozaba de mayor consideración que el sacerdote y este oficio se transmitía de padres a hijos. Interpretaba la voluntad de los dioses a partir de signos o señales como los truenos, los relámpagos, los eclipses, los terremotos… y acontecimientos casuales como el vuelo de los pájaros, encuentros en la calle, palabras oídas por casualidad, los sueños, un estornudo que se oía a la izquierda o a la derecha, el análisis de las vísceras de los animales sacrificados…

Mayor importancia tenían otras formas de profecía organizadas y que se llamaban Oráculos, lugares y medios de manifestación de varias divinidades; acudían a ellos particulares y gobernantes. Se llamaba Oráculo tanto al santuario donde se acudía a consultar como a la respuesta que era dada por la divinidad a través de la sacerdotisa o pitonisa que actuaba de “médium” y de los sacerdotes que interpretaban la respuesta divina. Las consultas podían realizarla personas particulares o representantes o magistrados de las polis, tanto griegos como extranjeros.

-SANTUARIO: en Delfos, en la ladera del monte Parnaso, el lugar, estaba dedicado anteriormente a la diosa telúrica Gea; está vinculado a elementos naturales que, en el caso de Delfos, son una falla del terreno (una grieta en el suelo), el árbol sagrado (el laurel) y un manantial sagrado (la fuente de Castalia. Parece ser que el santuario se construyó donde había una grieta o gruta que emitía emanaciones de gases. Sobre dicha grieta se colocó un trípode sobre el que subía la pitonisa (Estrabón, IX, 3-5). Además, la pitonisa bebía el agua de la fuente de Castalia.

En el templo, el adyton (lugar, detrás de la naos, en el que no se podía entrar) no era oscuro ni subterráneo. Numerosos edificios construidos por las distintas polis que acudían a las Fiestas Délficas o enviaban representantes a consultar sobre cuestiones políticas o sociales (en los que guardaban sus tesoros), rodeaban de manera dispersa el templo, con altares para hacer sacrificios… A la entrada del templo había inscripciones, atribuídas a los Siete sabios, que aconsejaban el dominio de uno mismo y la moderación: Conócete a ti mismo, Nada en demasía, “Sólo es desgraciado quien no puede soportar la desgracia”, “La prosperidad precede a la decadencia”… En el Santuario de Delfos vivían unos 1000 habitantes que se dedicaban a las necesidades y el comercio con los peregrinos: alojamiento, ofrendas, objetos sagrados…

Puedes ver fotos del santuario aqui.

-HISTORIA MITOLÓGICA: primitivamente estaba dedicado a la diosa Gea y era guardado por un monstruo llamado Pitón. Cuando Apolo era joven, mató a la serpiente Pitón que había perseguido cruelmente a su madre, se apropió de Delfos para consagrarlo a su culto y puso al frente del santuario a una sacerdotisa llamada Pitonisa (Pitia) en recuerdo de la serpiente que había matado.

-LA PITONISA (LA PITIA): daba a conocer la voluntad de Apolo. Después de purificarse con un baño ritual, se sentaba en un trípode forrado con la piel de Pytón, oculta tras una ligera construcción, apoyada en el ónfalos y junto al laurel, árbol consagrado a Apolo. Respirando las emanaciones que surgían de las entrañas de la tierra, la Pitonisa mascaba hojas de laurel, era fumigada con hojas quemadas y mantenía en su mano una rama. Según las épocas, había varias para poder atender las consultas y eran elegidas entre las familias pobres, pero piadosas. Cuando entraba en trance, transmitía respuestas sin sentido aparente que eran ordenadas e interpretadas por los sacerdotes de Apolo.

-LAS CONSULTAS:

-Ritos de los consultantes: solamente se realizaban consultas una vez al mes, el día 7, aniversario del nacimiento de Apolo. Los consultantes tras el pago de un “pelanos” (“pastel”) o tasa por consulta, ofrecían el sacrificio preliminar de una cabra: ésta, antes de ser degollada, era rociada con agua y si se estremecia, se deducía que Apolo estaba dispuesto a profetizar. Antes de entrar al templo de Apolo, los peregrinos se bañaban en el agua cristalina de la célebre fuente Castalia; después ofrecían sacrificios en el gran altar que estaba ante el santuario. Una vez purificados, los consultantes eran recibidos por los sacerdotes y se dirigían al templo por la Vía Sacra. A la entrada pagaban una cantidad en metálico y ofrecían el sacrificio de una cabra u oveja. Si el sacrificio era aceptado, entraban en el templo y planteaban la pregunta; si el sacrificio no era aceptado tenían que esperar hasta el mes siguiente.

Las consultas: se hacían preguntas de todo tipo, desde las puramente personales (salud, dinero, fidelidad amorosa…), hasta las cuestiones más complicadas de política (declaración de guerra, fundación de colonias, expediciones…). Era frecuente acudir en momentos de grandes desgracias y epidemias para saber en qué se había ofendido a los dioses y cuál era el medio de reparar la ofensa.  Según el poder económico de cada uno, se daban ofrendas y se entregaban regalos en agradecimiento, con lo que las riquezas del santuario eran enormes.

Las respuestas (oráculos): las daba la Pitonisa, que hablaba por boca de Apolo de una manera incoherente, y, después, eran interpretadas por los sacerdotes, que las escribían en verso y se las entregaban al consultante. Las respuestas eran moderadas y ambiguas, equívocas y abiertas a varias interpretaciones; eran enigmáticas y necesitaban también de la interpretación del consultante.

Respuestas famosas El oráculo de Delfos tenía un gran prestigio y a lo largo de los más de mil años de existencia dio innumerables respuestas.: han llegado hasta nosotros muchos oráculos. He aquí algunos:

A Creso, rey de Lidia, que preguntaba si debía atacar Persia, le contestó: “Creso, tras cruzar el Halis, destruirá un gran imperio”. Creso lo cruzó, atacó a los Persas y destruyó un gran imperio, el suyo.

A Pirro, rey del Epiro, en su lucha contra los romanos le dijo “Aio te, Aecida, romanos vincere posse”; texto latino que se puede traducir de dos maneras: “Te digo, descendiente de Eaco, que tú puedes vencer a los romanos” o “Digo, descendiente de Eaco, que los romanos pueden vencerte”.

A Filipo de Macedonia le aconsejó “lucha con lanzas de plata y conquistarás todo”, consejo que siguió, utilizando el soborno para vencer a sus enemigos.

A Timesias de Clazomene que conquistó parte de Tracia con la ayuda de las tribus locales y después fue expulsado por las mismas le profetizó: “el enjambre de abejas pronto resultará ser un enjambre de avispas para ti”.

-POLÍTICA Y ADIVINACIÓN

En las luchas políticas, el oráculo tenía como norma estar en armonía con el más fuerte. Los sacerdotes podían equivocarse algunas veces, pero por lo general podían salir del compromiso formulando respuestas vagas, susceptibles de interpretarse de varias maneras. Por ejemplo, el oráculo tuvo más suerte cuando predijo que la guerra del Peloponeso duraría 27 años. Los sacerdotes debían conocer la situación a fondo, puesto que predijeron una guerra tan larga: “Tres veces nueve”, solo significaba quizá una frase hecha para designar un período de larga duración; pero, en este caso, la cifra simbólica fue bien escogida. El oráculo tuvo también la suerte de estar de parte de los espartanos desde el comienzo de la guerra hasta el final –recordemos que Esparta triunfó-. Por el contrario, los sacerdotes tuvieron menos suerte con relación al conflicto entre griegos y persas; sobrevaloraron las fuerzas persas y creyeron que el poderoso ejército de invasión arrollaría a los griegos, pero ocurrió exactamente lo contrario. Los sacerdotes explicaron que la victoria se debía a la intervención del oráculo y de las fuerzas naturales a favor de los griegos.

Delfos fue el centro religioso de Grecia; “El Hogar de la Hélade”, como se denominaba al oráculo. Era para los griegos, lo que Roma llegó a ser para los cristianos en la Edad Media y La Meca para los musulmanes. Este lugar era considerado el centro del mundo y se simbolizaba esa idea con una piedra sagrada en forma de medio huevo, colocada en el templo, el “Onfalos” (ombligo), el “Ombligo del mundo”. Sobre ella se habían encontrado dos águilas enviadas por Zeus; una del este y otra del oeste. En el exterior del templo había una reproducción de esta piedra sagrada, que encontraron las excavaciones posteriores.

De todas partes se recibían presentes para el dios Apolo, y en tan gran cantidad que su templo era insuficiente para guardarlos a todos. Por eso los Estados griegos más ricos mandaron construir en Delfos extensas habitaciones (“tesoros”) donde se conservaban los obsequios de la divinidad.

El templo fue destruido por un terremoto, unos cuatro siglos antes de nuestra era; hubo necesidad de reconstruirlo y los donativos afluyeron de todas partes. Pero llegó un tiempo en que las riquezas de Delfos incitaron al robo y al pillaje. Primero los tracios, después los romanos y por último los cristianos. El furor destructor se cebó, sobre todo con el lugar más sagrado del templo: allí donde se sentaba la Pitonisa. Y los terremotos e inundaciones se añadieron a los estragos originados por el hombre.

Es importante considerar la inmensa influencia religiosa, moral y política que ejercieron los oráculos de la Pitia, sobre todo en los siglos VI y V, antes de la aparición de los sofistas, que coincide con un cierto entibiamiento de la fe, y con ello de la confianza en los oráculos. No obstante, en pleno siglo IV, es cuando Platón, al esbozar su Ciudad de Utopía, manifiesta que todos los asuntos relativos al culto y a la moral los resuelve el oráculo de Delfos, al que atribuía una influencia benéfica sobre el desarrollo de la civilización griega.

3. OTROS ORÁCULOS

El de Delfos no fue el único Oráculo, ni Apolo el único dios comunicador:

En Dodona, los sacerdotes obtenían su poder de la tierra y por eso no se lavaban nunca los pies y dormían en el suelo. La voluntad de Zeus se manifestaba por el murmullo de las hojas de una encina sagrada y por el vuelo de las palomas del santuario.

En Epidauro, Asclepio, dios de la medicina, se ponía en contacto con los enfermos que dormían en su santuario por medio de los sueños.

En Cumas, la Sibila recibía los mensajes divinos por medio de la consulta de los libros sibilinos o la interpretación del movimiento de las hojas de los árboles.

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[TEMA 5  PAU, COMUNITAT VALENCIANA, 2010/2011]

La primera sociedad griega que conocemos, la micénica de las tablillas en lineal B y de los poemas homéricos, no es la sociedad de la Atenas clásica. Desde sus orígenes, la sociedad griega evoluciona y se caracteriza en cada lugar según unas costumbres y tradiciones propias. Veamos las características de la sociedad de Atenas y, concretamente, las de la edad de Oro o siglo de Pericles: la Atenas clásica del s. V a. C.

La polis clásica es una comunidad de ciudadanos totalmente independiente, soberana sobre los ciudadanos que la componen, cimentada en cultos y regida por leyes. Aunque sus miembros tengan conciencia de pertenecer a una comunidad étnica y cultural más amplia, la ciudad no admite ningún lazo de subordinación con respecto a otro Estado, como pasará en el caso de las colonias que siempre están vinculadas a su metrópolis.

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Físicamente, la polis no era sólo ni principalmente una ciudad, sino un territorio habitado en aldeas y caseríos (no se habla de Atenas, sino de los atenienses), con un centro urbano que funcionaba como capital política y asiento de las instituciones de gobierno. Por consiguiente, no toda la población residía en el “astu” (casco urbano).

La poblacion estaba constituida por ciudadanos y no ciudadanos. En Atenas en la época clásica comprende tres categorías legales: ciudadanos libres (politeis), metecos o forasteros (metoikoi) y siervos (douloi, pertenecientes al pueblo o privados).

http://webquest.infoespacio.net/spip.php?article3

a) LOS CIUDADANOS

Las distintas actividades que caracterizan la vida de una polis (ágora, gimnasio, cultos, servicio militar y guerra, teatro y actuaciones en la asamblea popular) estaban reservadas a la minoría social que constituían la koinonia ton politon: ni las mujeres, ni los más jóvenes, ni los metecos (extranjeros domiciliados), ni los esclavos, ni otros grupos -periecos, siervos, mercenarios…-, gozaban del derecho a la plena integración social y política.

Para ser ciudadano y tomar asiento en la Asamblea ateniense es preciso ser mayor de edad (18 años, pero como se hacían dos de servicio militar, sólo a los 20 se accedía a la Asamblea) y ser hijo de padre ateniense; a partir de Pericles, era necesario ser hijo de padre y de madre ateniense, lo que hizo que sus hijos con la meteca Aspasia, no tuvieran el derecho de ciudadanía, y que la Asamblea tuviera que votar al respecto, ya que los atenienses podían, por decreto, conceder la ciudadanía a un extranjero, y podían retirársela a uno de los suyos (atimia).

Desde Solón (594 a.C.) los atenienses estaban divididos en cuatro clases censitarias:

pentakosiomedimnoi: hombres cuyas propiedades podían producir anualmente quinientas medidas de grano (“medimnoi”) o más de 500 metretas de vino o aceite. Los atenienses de clase noble formaban el grupo de los eupatridas, y monopolizaban el poder del Areopago.

-hippeis o jinetes que podían costearse un caballo y equiparse para el servicio de caballería.

-zeugitai u hoplitas, aquellos que podían armarse para servir en la infantería. Solían recoger unos 200 medimnos.

-thetes: quienes no podían hacerlo.

En un principio, esta clasificación tuvo un sentido político importante, pues la pertenencia a cada una de ellas comportaba la calificación para desempeñar determinadas magistraturas; por ejemplo, la ley excluía a los thetes del arcontado, y los principales cargos económicos, como la tesorería, eran reservados a los pentakosiomedimnoi. Las dos clases más acomodadas estaban obligadas al servicio militar con armas propias y a las mayores magistraturas, lo que a su vez les confería el dominio del tribunal del Areópago, constituído por los que habían sido arcontes. Los thetes estaban eximidos de pagar impuestos, aportados por las clases superiores en una proporción establecidas.

Pensar que esta división reflejaba correspondencías reales con lo económico, lo social y lo político supondría que los thetes eran el “proletariado urbano”; los hoplitas campesinos libres, etc., sin embargo en la Atenas del s.VI-V, no existía el tipo de hombres que constituye el proletariado urbano que conocemos. El personal de las fábricas existentes estaba formado por esclavos, no por obreros libres y no había oficios importantes que no estuviesen monopolizados por los esclavos. El ateniense medio era un propietario independiente, artesano, comerciante, tendero o fabricante en la ciudad; y en el campo o en la aldea artesano, tendero o agricultor.

Era una sociedad mucho más homogénea que la nuestra; había, claro está, diferencias, entre nobles y plebeyos, ricos y pobres, hoplitas y thetes, hombres del campo y hombres de la ciudad, y tales diferencias repercutían en la vida política. En los tiempos arcaicos, una de las funciones de la aristocracia era dar muestra de su riqueza mediante grandiosas edificaciones públicas; así, realzaban su honor y, consecuentemente, su poderío. Pero tras las guerras médicas dejaron de prevalecer en la moralidad popular los antiguos valores de honor y vergüenza. La actividad del Estado despersonalizó el desarrollo público de los ricos y los gastos que antes se hacían como gesto de honor, ahora se sistematizaron y se convirtieron en un deber cívico, un impuesto. Estos servicios públicos eran liturgias y todos se relacionaban con conmemoraciones y actos políticos; estaban regulados por unas normas, de forma que no se pagase dos años seguidos por los mismos servicios, para que no hubiese engaños etc.

La vida cotidiana del ciudadano ateniense está dominada por la atención que requieren los asuntos de Estado, pero eso debía ser sólo la teoría ya que en la práctica, difícilmente un campesino podía dejar continuamente a su mujer e hijos, y el trabajo en el campo para acudir a la Asamblea. Sin embargo, al mismo tiempo que desaparecen las ambiciones honorables de las clases altas, por primera vez en Atenas las clases bajas se preocuparon por el dinero, y las exigencias de la guerra separaron a los campesinos de la tierra, por lo que perdieron sus medios de subsistencia.

En todo este cuadro, las mujeres, por muy hijas y esposas de ciudadanos que fueran, tampoco intervenían en la vida de la polis ni tenían voto. Sin llegar a la tópica idea de que no había más mujeres por la calle que las esclavas (pensemos en verduleras como la madre de Esquines), sí que es cierto que la mujer rica permanecía recluida en casa, en el gineceo, y no participaba en fiestas, banquetes ni más actos públicos que algunos de carácter religioso.

Muchas mujeres atenienses trabajaban de nodrizas, vendedoras, comadronas… pero no eran lo mismo que las bailarinas, músicas y prostitutas, mal consideradas pero con un grado de libertad superior al de las demás, y las heteras, generalmente extranjeras, únicas mujeres cultas que abrían sus salones a los intelectuales y artistas, asistían a fiestas, etc.

b) LOS METECOS.

Si los atenienses podían dedicar tanto tiempo a la política de su ciudad y a pasear por el ágora es porque los metecos y los esclavos les descargaban de toda actividad económica. Mientras que ciudades como Esparta practicaban periódicamente la expulsión de extranjeros, Atenas, más liberal, permitió que muchos griegos no atenienses vivieran en su suelo y gozaran de importantes derechos. Estos extranjeros residentes eran los metecos (metoikos:  el que vive al lado), que no sólo eran griegos sino también había fenicios, frigios, egipcios e, incluso, árabes… y vivían sobre todo en el Pireo.  El meteco  no tenia derechos políticos ni algunos derechos civiles (por ejemplo, no puede comprar suelo), y debia ser representado por un ciudadano ante los tribunales, etc..  En casos de gran mérito se les otorgaba la isoteleia o “igualdad de cargas” con los ciudadanos. En el s.V los metecos de Atenas representaban casi la mitad del número de ciudadanos; estaban sujetos a las mismas obligaciones financieras que éstos y pagaban un impuesto especial, el metoikion: doce dracmas anuales los hombres y seis las mujeres (equivalía al salario de seis o tres días de trabajo) por derecho de residencia. Además, podían frecuentar los gimnasios públicos (no así los esclavos), podían ingresar en el ejército y en la flota como remeros, podían poseer esclavos y adquirir bienes inmuebles, pero no tierras o casas.

Podían ejercer determinadas funciones públicas (heraldo, médico, recaudador…) pero la mayoría se dedicaba a lo que hoy llamaríamos profesiones liberales. Eran numerosos en el artesanado y la industria -telares, tratamiento de pieles y cueros, cerámica, metalurgia…-. Ocupaban también el primer lugar en el comercio, tanto al por mayor como el minorista; eran comerciantes e importadores. Y los principales banqueros de Atenas (trapezivth”) eran metecos o antiguos esclavos que, una vez liberados, habían logrado el estatuto de metecos.

Esta situación permitía a muchos metecos dar una buena educación a sus hijos, que así destacaban en profesiones como artista, médico u orador, como Lisias. Pero muchos hombres de talento ya famosos iban a Atenas atraídos por su incomparable esplendor: Heródoto de Halicarnaso -historiador-, Hipócrates de Cos -médico-, Polignoto de Tasos -pintor-, Anaxágoras de Clazómene, Hipódamo de Mileto -arquitecto-… y el caso de los sofistas, sabios o profesores de la elocuencia.

Es indudable que los metecos contribuyeron al poderío económico y al prestigio intelectual y artístico de Atenas.

c) LOS ESCLAVOS.

El meteco que dejaba de pagar el metoikion o que intentaba usurpar la ciudadanía se convertía en esclavo. La esclavitud se acepta en la Grecia clásica como un hecho; Aristóteles[1] (Política I, 1-2) defiende la diferencia entre hombres libres y esclavos como determinada por la naturaleza, y la guerra como medio legítimo de conseguirlos, pero se da cuenta de que la única justificación de la esclavitud es la necesidad, ya que en una ciudad griega la vida económica se basaba en el trabajo de los esclavos. En el campo, salvo en las minas de Laurión, eran menos numerosos porque los pequeños propietarios no eran muy ricos. Podían, eso sí, alquilarlos para los trabajos temporales, ya que los ciudadanos y los metecos ricos invertían su dinero en la compra y mantenimiento de mano de obra servil que alquilaban en determinados periodos.

Cuando se tomaba una ciudad, todos sus habitantes eran esclavizados; también la piratería era otra forma de suministro, y en tiempo de paz, el padre de familia entre los bárbaros tenía derecho de vender a sus hijos y se podían vender también los deudores insolventes. Los que peores situaciones tenían eran los empleados en los molinos para que girase la muela y para triturar el grano, y los de las minas.

Se diferenciaba los esclavos nacidos en la casa de los que habían sido comprados. En la ciudad (aparte de en las fábricas, en el puerto -carga y descarga-, en los bancos…), los esclavos garantizaban el servicio doméstico (según Platón, un ciudadano acomodado tenía unos 50 esclavos, y un ateniense medio una docena: portero, cocinero, pedagogo, y sirvientas).

El propio Estado era propietario de esclavos (empleados de la Asamblea y el Consejo, verdugos, barrenderos, policia -arqueros escitas-, empleados de la fábrica de moneda) así como los santuarios. Eran una especie de funcionarios que vivían donde querían (excepto los arqueros escitas) y recibían un sueldo, cosa que también les pasaba a muchos esclavos de la industria y el comercio.

Tanto los esclavos públicos como los privados no tenían ningún derecho, eran como cosas  (“mercancia humana” según  la ley) que ni siquiera podían declarar en los tribunales. Pero en Atenas, las condiciones no eran las de los miserables hilotas en Esparta: la ley defendía al esclavo contra los ultrajes y las violencias. Además, cuando era comprado, se integraba en la familia con un ritual: se le hacía sentar en el hogar y la dueña de la casa ponía sobre su cabeza higos, nueces y golosinas; al mismo tiempo se le ponía nombre. El esclavo participaba de las oraciones y de las fiestas, y era enterrado en la sepultura familiar.

La forma de emplear a los esclavos era muy variada. Muy pocos eran los dedicados a la agricultura, pues los propios colonos áticos se ocupaban del cultivo y del transporte de los productos agrícolas al mercado. Análoga era la circunstancia de los artesanos meores que trabajaban en la ciudad. Pero al expandirse las industrias e intensificarse el comercio, se crearon empresas manufactureras en las que trabajaban entre 20 y 30 esclavos (producción de utensilios de metal, muebles, artículos de piel, de tejidos, cerámica…); los esclavos más leales podían desempeñar funciones de dirección o administración.

Los esclavos públicos se encargaban, por ejemplo, del trabajo en las minas de Laurión, de donde se sacaba la plata para acuñar moneda, y donde llegaron a trabajar 30.000 esclavos a mediados del s.IV. También había ujieres, pregoneros, cajeros, verdugos, escribanos… e, incluso, en el S. V el servicio de policia corría a cargo de esclavos del Estado: una policía de 300 escitas se ocupaba del maentenimiento del orden enlas calles y en las asambleas. Las esclavas trabajaban en las hilanderías, lavanderías etc, o bien se encaminaban hacia la prostitución.

Mejores condiciones de vida tenían los oijketaiv, los dedicados al cuidado y gobierno de la casa y de la familia. Se encargaban de las labores de la casa o servían en particular a un miembro de la famila. Los atenienses más acaudalados tenían esclavos y esclavas para las tareas más diversas: guardianes, cocineros, concubinas… o les confiaban responsabilidades como la de médico o la de preceptor.

El estado jurídico del esclavo en Atenas era limitado por el derecho del amo a disponer de él o ella a su antojo. Podían casarse, pero sus hijos pertenecían al amo, podían declarar en juicios como testigos, pero, a diferencia del hombre libre, el esclavo podía ser torturado y encarcelado. En algunos casos, no obstanet, un ciudadano libre en la miseria podía envidiar la suerte del esclavo, al que el amo le garantizaba la subsistencia.

El esclavo podía autorrescatarse ofreciendo a su dueño un precio adecuado[2] o podía ser liberado como premio por su amo, pero la manumisión no comportaba la concesión de derechos civiles, sino que tenía un estatus semejante al del meteco aunque podía ascender en la escala social. También hubo casos de manumisiones decididas por el pueblo, por haber combatido junto a ciudadanos como voluntarios.

Considerando la relativa libertad de que gozaban los esclavos, su posibilidad de ser manumitidos y de alcanzar cualquier grado de la escala social, es bastante lógico que nunca en Atenas llegaran a producir una revuelta social. Si añadimos la falta de conciencia de clase. El hecho de que procedieran de distintos países y el aislamiento en las casas y fábricas, impedían las uniones y relaciones recíprocas. Y sin embargo, los primeros movimientos encaminados a la abolición de la esclavitud surgieron en Atenas, a cargo de sofistas como Hipiass y Antífono y poetas como Söfocles y Eurípides.

d) LOS BÁRBAROS

La palabra bárbaro procede directamente del griego bavrbaro”  “extranjero, forastero, no griego”. Se trata de un étimo onomatopéyico y bajo esta nomenclatura se encontraban aquellas personas cuya lengua sonaba en los oídos griegos como “barbarbar”. Los bárbaros son propiamente los extranjeros, diferenciados de los xevnoi, que son los forasteros, es decir, griegos de otra polis, con los que se pueden establecer relaciones de hospitalidad. Como bárbaros, diferenciándolos de los griegos, encontramos a los medos, persas y egipcios.


[1] El esclavo era definido por Aristóteles como “instrumento con alma”

[2] Los esclavos-trabajadores podían quedarse parte de su salario si se encargaban de su propia subsistencia.

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