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Archive for 24 mayo 2011

La historiografía griega  no pudo sustraerse a la influencia del nuevo modo de pensar suscitado por la Filosofía y la Sofística.

Durante un tiempo, la Historia había sido mito, y hay que recorrer un largo camino para llegar, con Tucídides, a la sustitución definitiva de una conciencia mítica del pasado por una racionalizada y crítica.

Primero hay que considerar la epopeya, con gran cantidad de elementos históricos transformados, poemas épicos con transfondo histórico; de ahí que se considere a Homero como un iniciador de la Historia. Pero son los jonios los que comienzan la historia científica, representados por Hecateo de Mileto. El, y otros predecesores de Herodoto son los llamados logógrafos, una especie de archivadores que eran contratados por las grandes familias para hacer las genealogías (y, a ser posible, vincular el origen familiar con alguna divinidad) o escribían sobre las pueblos extranjeros, sus paisajes y sus costumbres. Su obra responde a una evidente necesidad de evocar con certeza el pasado, e incorporan la idea de una continuidad histórica que va desde los orígenes míticos hasta un pasado muy próximo. Realizan una crítica racionalista de los mitos al intentar conseguir el núcleo histórico verdadero por mera eliminación del acompañamiento sobrenatural.

La continuación directa de esta crítica racionalista de los mitos se encuentra en Herodoro de Heraclea.  Escribió una Historia en 17 libros en prosa, recogiendo las hazañas de Heraclés, en la que aprovechó conocimientos geográficos, científico-naturales y filosóficos, y así creó un extraño producto mixto de pseudohistoria en el que la hisoria no era fin en sí misma, sino sólo instrumento de una tendencia didáctica.

Pero el primer prosista griego de quien poseemos su obra es HERODOTO de Halicarnaso (484 a.C.). Parece que su familia no era griega, sino caria. Por motivos políticos su padre tuvo que huir a Samos, desde donde Herodoto pasó a Atenas; desde esta ciudad viajó por todo el Mediterráneo.

La obra de Herodoto está en conexión con la de los logógrafos precedentes: el gusto por lo novelesco, el papel atribuído a las descripciones de lugares y costumbres… pero lo más importante es su convicción de que lo narrado está gobernado por el destino, un poder  determinado por la divinidad. Y es la misma divinidad la que impide al hombre salirse de los límites que le han sido señalados (“El hombre es todo él obra del destino” (I, 32) )

Sus Historias están divididas en 9 libros, titulados cada uno con el nombre de una musa. Utiliza una técnica narrativa en la que no hay una narración seguida, sino que los excursos son contínuos, cada vez que la mención de un rey o de una ciudad dan pie para ello. Acepta todo tipo de fuentes sin contrastarlas, pero intenta determinar siempre la verdad de los hechos de manera objetiva, indagando también en los motivos que propiciaron las actuaciones de sus personajes. Es por ello que se ha llamado a Herodoto “padre de la historia”(Cicerón), porque busca una conexión causal entre los fenómenos históricos. Así, ofrece una consideración de todo el acaecer histórico desde el punto de vista unitario de una lucha entre Europa y Asia (pues no se ciñe sólo al mundo helénico). Es la suya la primera historia universal que apunta a la narración de las guerras Médicas, descritas en los tres últimos libros.

El creador de un nuevo tipo de literatura histórica será TUCÍDIDES, ateniense nacido hacia el 465 a.C.. Su exilio de 20 años en 424 a.C.(a raiz de haber fracasado en una misión militar como estratega en Anfípolis) divide su vida en dos períodos, en el primero de los cuales, educado esmeradamente,  participa de la vida de su patria y se muestra partidario de la política de Pericles, “el poder de un solo hombre”. En su exilio sólo se dedicó a su historia.

Escribió en 8 libros la Historia de la Guerra del Peloponeso que estalló en 431 entre Esparta y Atenas, y que involucró a favor de uno u otro bando al resto de las polis griegas. Sin embargo, no narra la guerra íntegramente, porque el autor murió antes de haberla finalizado.

Tucidides no concibe la historia como una sucesión aséptica de hechos, sino que la propone como tema de estudio, una “adquisición para siempre”(ktéma eis aeí), porque descubre en la realidad de la vida una normatividad causal que todo lo domina, a la naturaleza y a los hombres. Llega a una  especie de tipología de los hechos históricos: dadas las mismas circunstancias encontramos los mismos fenómenos.

La tarea principal de la historiografía es buscar la verdad, para lo cual Tucídides prescinde casi totalmente de las historias de héroes e intenta precisar los hechos de épocas remotas de la manera más objetiva posible. Así, la religión sólo es importante en cuanto fenómeno social cuyo efecto psicológico sobre las masas debe ser tenido en cuenta; sólo queda un resto irracional: la tuvch, de la que hay que intentar defenderse mediante el cálculo.

De su Historias  destaca la descripción de la peste que asoló Atenas en 429 y que causó una espantosa mortandad (incluído Pericles); describe minuciosamente los síntomas de la epidemia (el propio Tuc. la sufrió pero se salvó). En éste y en todos los casos que analiza, Tucídides descubre la estrecha relación entre los hechos psíquicos y los físicos, y llega a un concepto unitario de “naturaleza humana”  a la que imagina constante.

Su estilo es difícil: escribe para gente formada e interesada, lo que le ha hecho pasar a la historia de la literatura como el creador de la prosa ática (en la que mezcla influencias jónias). No es gorgiano porque no comparte las ideas de Gorgias sobre los efectos encantadores del lenguaje, sólo pretende ser útil. En él alternan el equilibrio y la variedad. Destacan sus discursos y nos ofrece el primer diálogo de la literatura: el dialogo de los Melios, en el que trata todos los aspectos de la política de fuerza empleada por Atenas con los miembros de la Liga ático-délica, de las ideas morales o religiosas que la sustentan o la condenan.

Queda por señalar, por último, la figura del ateniense JENOFONTE (430-335 a.C.), que en sus Helénicas, enlaza con el final de la Historia de Tucídides.

Jenofonte no se ve muy afectado por los influjos de la oratoria y comprende en su producción temas que no son históricos. Participó en la expedición de Ciro el joven (401 a.C.), que pretendía derrocar del trono a su hermano Artajerjes II; la victoria en la batalla de Cunaxa (404) perdió su significado por la muerte de Ciro y la difícil situación del ejército, la retirada de los DIez Mil a través de las llanuras de Anatolia, a cuyo frente estuvo Jenofonte.

Fue exiliado de Atenas y se dirigió a Esparta, donde se dedicó a la vida campesina, la caza y el retiro literario.

Sus obras históricas son tres:

– En las Helénicas, escrita en 7 libros y utilizando el anonimato, narra los últimos años de la Guerra del Peloponeso adoptando una perspectiva filoespartana y logra reflejar la confusión reinante en Grecia.

– La Anábasis (“Subida”, es decir, la ascensión desde la costa hasta el interior de Persia) narra la expedición contra Artajerjes, la muerte de Ciro en Cunaxa y la retirada de los Diez mil griegos hacia el Mar Negro; tiene carácter autobiográfico y recuerda los libros de viajes; el tema fundamental es el reconocimiento de las limitaciones de la condición humana. La narración es viva y directa, como corresponde a la observación personal y los recuerdos.

– En el Agesilao, obra mucho más retórica, caracteriza al monarca ideal. Sirvió para difundir la imagen “noble espartano”; introduce el género de la biografía recurriendo al orden cronológico y evidencia sus ideas sobre el arte de gobernar.

El resto de sus obras se dividen en dos:

• escritos pedagógicos: la Ciropedia, historia de la juventud, ascensión y gobierno de Ciro el Viejo, es la biografía de la literatura griega clásica más amplia que conservamos; la Constitución de los Lacedemonios, en que muestra el contraste entre la austeridad y la virilidad del pasado y la corrupción del presente; los Ingresos; Obras sobre hípica y caza  y el Hierón, obra dialogada en que presenta al poeta Simónides conversando con el tirano de Sicilia.

• escritos filosóficos, especialmente importantes por aportar datos sobre la personalidad de Sócrates, a quien Jenofonte admiró en su juventud. Las Memorables en 4 libros relata conversaciones del maestro. El Económico es interesante porque utiliza el método socrático de preguntar para despertar el conocimiento que el discípulo ya posee. En el Banquete Sócrates nos habla sobre el amor; y en la Apología de Sócrates mezcla discursos  con noticias sobre su conducta.

Como historiador, Jenofonte no es exhaustivo y margina hechos de primera importancia, con una característica ingenuidad que le acerca a la imporvisación sin el examen crítico requerido. A pesar de su parcialidad, presenta un material fiable.

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