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Archive for the ‘ESCRITURA’ Category

A finales del 2009 la alicantina Isabel Barceló publicó Dido reina de Cartago.

En este libro se recrea muy emotivamente la historia de Dido y Eneas, enfocada desde la perspectiva femenina de la reina. Las páginas nos transmiten su coraje, su lucha por seguir adelante y su capacidad de amar. Es una reina, pero es sobre todo una mujer, una mujer cercana tan de carne y hueso como mitológica.

Aunque la novela (que recomiendo) salió publicada en un libro y así es como yo la leí, su gestación y su difusión se hizo “por entregas”: Isabel Barceló iba publicando en su blog  “Mujeres de Roma” los capítulos semanalmente, y, además, en él participaron como personajes algunos de sus lectores.

Una nueva aventura acaba de comenzar: ahora se dispone a narrar la historia de la FUNDACIÓN DE ROMA o, mejor dicho, Claudia Hortensia se ha empeñado en empezar a recoger documentación para elaborar la historia de las matronas romanas de entonces, y ahí anda su liberta Lálage, por las librerías, en  el foro, buscando información… Como bien dice, No hay una historia más digna de ser contada que ésta, pues ninguna otra ciudad se ha fundado sobre tal cantidad de crímenes, traiciones y engaños y, pese a todo, ha recibido de los dioses amparo y protección.

Los primeros capítulos ya están publicados en el blog, y ya se han decidido a participar múltiples personajes: jóvenes inocentes con envenenadores, reyes y vestales, bosques y árboles, cronistas, adivinas, sacerdotisas, extranjeras… muchas mujeres, pero no sólo.

LA historia promete, y los antecedentes aseguran, al menos, el mismo éxito que tuvo Dido. Desde aquí, eso le deseamos.

ISABEL BARCELÓ

http://www.melibro.com/dido-reina-de-cartago-isabel-barcelo

 

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“Mi primer…”, es una nueva colección de ALFAGUARA de libros  ilustrados, coleccion ideada y coordinada por Arturo Pérez-Reverte. La finalidad es dar a conocer a grandes autores literarios a los niños menores de diez años.
En Mi primer Arturo Pérez-Reverte se cuenta la batalla de las Termópilas, con un niño como testigo de los acontecimientos y una importante misión que cumplir, contar en Esparta lo que los hoplitas han vivido y cómo han muerto. Las ilustraciones son de Fernando Vicente.

http://www.librosalfaguarainfantil.com/es/libro/mi-primer-arturo-perez-reverte-el-pequeno-hoplita/

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POR EL PLACER DE LA LECTURA,

  

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Escrito y firmado por José Luís Sampedro,

escritor, filósofo y buena gente.

 POR LA LECTURA Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos.
Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
 Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
 

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
 a) obtiene algo a cambio.
 b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil 
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con
la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
 

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de
autorcargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida
en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
 

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
 José Luis Sampedro

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La empresa que Bonaparte dirigió en Egipto permitió a la Ciencia descubrir, para siempre, el antiguo Egipto. Description de l’Egypte ou recueil des observations et des recherches pendant l’expédition de l’armée française  es el título de la obra de 12 tomos de láminas y 24 de texto en la que se publicaron los resultados científicos de aquella expedición. Gracias a la piedra de Rosetta hallada por la expedición de Bonaparte en 1799 se inició la investigación para el conocimiento de la Antigüedad Egipcia.

 

 

1. JEAN-FRANÇOIS CHAMPOLLION.

 

Cuando el frenólogo Gall  divulgaba en París su teoría sobre la interpretación de facultades según el estudio del cráneo, conoció a un joven estudiante. Midiendo con su mirada el cráneo del muchacho, exclamó: “Qué talento para los idiomas!” Aquel joven de dieciséis años dominaba, en efecto, el latín, el griego y media docena más de lenguas orientales. Era Jean-Feançois Champollion. Había nacido al sur de Francia, en Figeac (23-12-1790), en los días de la gran Revolución. Aprendió a leer solo y cuando tenía siete años oyó hablar ya de Egipto porque su hermano mayor, Jacques Joseph, fracasó en su intento de participar en la expedición de Napoleón (mayo de 1798)

 

 No le iba bien en el colegio, por lo que su hermano, ya filólogo, se lo llevó a Grenoble en 1801 para ocuparse de su educación. Poco después ya destacaba en latín, hebreo y griego, y en esa época conoció a Fourier, que había tomado parte en la expedición napoleónica como físico y matemático. Fue él quien le enseñó por primera vez un jeroglífico.Jean-François Champollion empezó con trece años el estudio del árabe, el sirio, el caldeo y el copto; estudió el chino antiguo y textos del zenda, el pahlavi y el parsi. Y en el verano de 1807, a los diecisiete años, proyecta el primer mapa del mundo de los faraones, a partir de citas bíblicas, textos latinos, árabes y hebreos. Mientras comienza un libro, Egipto bajo los faraones, y lee la introducción ante la Academia de Grenoble. El efecto es aplastante y por unanimidad es nombrado miembro de la Academia.   

 Poco después marcha a París, con la intención, clara ya, de descifrar los jeroglíficos.  

2. LA PIEDRA DE ROSETTA.

La famosa piedra de basalto negro que se conserva en el British Museum fue encontrada en julio de 1799 en un lugar cercano al Nilo, no lejos del pueblo de El-Rashid o, como lo denominan los europeos, Rosetta.

De acuerdo con un relato, fue encontrada yaciendo sobre el suelo y, según otra historia, se hallaba empotrada dentro de un muro antiguo que una compañía de soldados franceses tenía orden de demoler. El descubridor de la piedra fue un soldado cuya cultura no sabemos si le permitió conocer el valor de su hallazgo o si, simplemente, quedó fascinado por el aspecto misterioso de la losa; al verla,  salió huyendo y el oficial de ingenieros Bouchard fue quien observó las inscripciones en tres lenguas diferentes.

La losa, de grano fino, duro, de basalto negro, estaba pulida por un lado y presentaba inscripciones erosionadas por el roce de la fina arena del desierto, en tres lenguas distintas: la primera, de catorce líneas, era jeroglífica; la segunda, de veintidós, era demótica, y la tercera, de cincuenta y cuatro, griega. El oficial comprendió que debía tratarse de tres versiones del mismo texto y, dado que la última era griego, podía leerse.

Las noticias del descubrimiento pronto alcanzaron El Cairo, al ser transportada al recientemente fundado Instituto Nacional de esa ciudad. Un general de Napoleón, helenista apasionado, pronto comenzó la traducción y comprobó que se trataba de una dedicatoria de los sacerdotes de Menfis a Ptolomeo V en el año 196 a.C.

Napoleón ordenó hacer copias para distribuirlas entre los eruditos europeos, y fueron llevados a El Cairo especialmente los litógrafos Marcel y Gallans para hacerlas. Recubrieron la superficie con tinta de imprenta y luego pasaron sobre ella hojas de papel enrolladas a un rodillo de goma de India, hasta que cosiguieron una buena impresión.

En el año 1801, tras la capitulación de Alejandría, fue firmado un tratado por el que se establecía que la Piedra de Rosetta y otras muchas antigüedades egipcias eran cedidas a Inglaterra. Al año siguiente, fue espuesta en los Salones de la Sociedad de Anticuarios de Londres, cuyo presidente ordenó hacer cuatro vaciados en escayola para las universidades de Oxford, Cambridge, Edimburgo y Dublín. A finales de ese año, la piedra fue trasladada al Museo Británico, donde sigue en la actualidad.015rosettas-stone.jpg

Se dedicaron a su traducción las mejores inteligencias de la época, pero fue inútil: todos partían de hipótesis falsas. Los jeroglíficos no se habían podido leer desde hacía tiempo: el emperador Justiniano, en el 535, cerró el templo de Isis en Philae, último refugio de los sabios sacerdotes de los templos egipcios, y desde el reinado de Decio (249-251) ya no se había gravado ninguna inscripción jeroglífica en las piedras, por lo que pronto desapareció el arte de leer los signos sagrados.

3. CHAMPOLLION Y LOS JEROGLÍFICOS.

Por aquel entonces Champollion llega a París y conoce a su profesor De Sacy en la Escuela Especial. Termina su libro sobre El Egipto de los faraones (1814) y se dedica a estudiar sánscrito, árabe, persa y chino. Vive miserablemente en una habitación cerca del Louvre y cae enfermo.

Más tarde se dedica al copto, del que dice que “lo habla consigo mismo” Estudia entonces los manuscritos coptos de la Biblioteca Imperial de París, y descubre la existencia de tres sistemas de escritura egipcia: jeroglífico, hierático y demótico. Un día, colocado ante una copia de la piedra de Rosetta hecha en Londres, comienza a compararla con los papiros de manera intuitiva y, de golpe, llega a deducir los valores justos para toda una serie de letras. Entusiasmado, decide ocuparse de los jeroglíficos.

Vuelve a Grenoble en 1809 como profesor de Historia y al año siguiente presenta sus Mémoires sur les écritures egyptiennes, en la que demuestra la necesidad del uso fonético de los signos jeroglíficos en la escritura de nombres.

Cuando Napoleón entra en Grenoble en  1815, Champollion pone su pluma a su servicio, lo que pagará caro más tarde durante los Cien Días: será condenado al destierro. Sigue con sus investigacines y compara el texto demótico con el texto griego que él traduce al copto, confiando en encontrar el valor fonético de las palabras egipcias. Y en un moemnto dado, tuvo la ocurrencia de que las imágenes jeroglíficas eran “letras”, mejor dicho, signos representativos de sonidos. Comparó los jeroglíficos con la escritura hierática y con el demótico, demostrando que la segunda es una simplificación de la primera y, a su vez, los caracteres demóticos son la última degradación de los signos jeroglíficos.

Al igual que los nombres griegos eran transmitidos fonéticamente en el texto demótico también debían estarlo en los cartuchos que contenían el nombre de Ptolomeo en el texto de jeroglíficos.

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 Como los ideogramas no podían transcribir todos los matices del pensamiento, los egipcios se sirvieron de jeroglíficos fonéticos: la boca, que se dice “ro”, pasó a ser el signo de “R”; la mano, que se dice “thot” el signo “T”… Aún así, la omisión de las vocales combinada con la variedad de la ortografía, convierten los jeroglíficos en una lengua de difícil lectura. Por ejemplo, la palabra “cocodrilo” puede escribirse de cinco formas distintas a las que luego añaden un signo figurativo qu facilite la comprensión.

En 1824, Champollion comenzó sus misiones científicas en Egipto. Dejó su antiguo puesto de profesor de Historia en Grenoble para viajar por Italia, comisionado por Carlos X, para inspeccionar colecciones de antigüedades egipcias (1824-26); luego fue conservador del departamento egipcio en el Museo del Louvre (1826); donde logró fondos para su viaje a Egipto. En 1.828 organizó una expedición a Egipto junto a Hipólito Rossellini, la cual duró tres años. Se le otorgó una cátedra en el College de Francia (1831) y fue nombrado miembro de la Academie Française.

Murió mientras preparaba la publicación de los resultados de sus expediciones a Egipto, en París, en 1.832. Después de su muerte se publicaron los importantes trabajos que tenía preparados sobre la lengua y los monumentos del Egipto faraónico

4. TIPOS DE ESCRITURA.

La escritura es un invento mucho más moderno que el lenguaje articulado, y es propio de sociedades organizadas y avanzadas, tecnológica y culturalmente Cuando el hombre decide inventar signos gráficos como auxiliares de la memoria para transcribir mensajes o  retener información, nace la escritura, considerada en muchas sociedades como un don divino. [Para ampliar la información sobre la evolución de la escritura, pulsa aquí.]

Los escritos más antiguos conservados provienen de Sumer, en la Antigua Mesopotamia, del 3500 a.C. aproximadamente, y de Egipto de aproximadamente el 3000.

ESCRITURA PICTOGRÁFICA E IDEOGRÁFICA

Los pictogamas son dibujos simplificados creados para simbolizar un objeto o una idea y representan una palabra. Se puede comprender sin necesidad de conocer su pronunciación. Así, en la antigua Mesopotamia, el dibujo de una vulva significaba “mujer”; la suma de los pictogramas vienen a significar ideas y surgen así los ideogramas: “mujer” y “montaña” significa “mujer que viene de fuera”, por lo tanto “esclava”

A este tipo de escritura pertenecen los jeroglíficos egipcios y el chino actual, con la dificultad de expresar conceptos abstractos y la necesidad de memorizar muchos signos.

ESCRITURA SILÁBICA

Hacia el 1500 a.C., las dificulatades de la escritura ideográfica llevaron a una transformación, de form que cada signo pasó a simbolizar una sílaba, reduciéndose considerablemente el número de signos necesarios para escribir una lengua. Nacen los silabarios, como el silabario cuneiforme de los hititas, el lineal A de Creta, el lineal B de Micenas y, actualmente, algunas lenguas de Japón.

ESCRITURA ALFABÉTICA

Hacia el 1700 a.C. se produjo una revolución cultural paralela en Egipto y en las costas de Siria y Palestina al surgir los primeros alfabetos, en los que cada signo representa un sonido o fonema. Cada lengua tiene entre 25 y 35 signos, con lo que la escritura se hace más accesible a todas las clases sociales y deja de estar en manos de escribas y sacerdotes. Los fenicios desarrollaron un  alfabeto que extendieron por todo el Mediterraneo y que es el origen de la mayoría de sistemas de escritura posteriores. Por un lado, del fenicio proceden el hebreo y el arameo, y de este último, el árabe y la mayoría de los usados en India. Por otro, los griegos adpataron el alfabeto fenicio a su sistema fonolófico creando signos para las vocales, y de ellos lo tomaron los romanos: con la Romanización, Roma transmitió su lengua latina y su alfabeto por todo el Imperio. AL entrar en contacto con el Imperio Bizantino, algunos pueblos eslavos tomaron el alfabeto griego y lo adaptaron a su lengua, naciendo así el alfabeto cirílico en el siglo IX a.C., utilizado actualmente en Bulgaria y en otras zonas del E de Europa.

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Inscripción tardía en alfabetos griego y latino (Museo Nacional , Roma)

Esta evolución de la escritura implicó, paralelamente, una evolución de los soportes escrituarios.

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