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Archive for the ‘LITERATURA’ Category

La escritora CAROLINA OTERO, profesora, cantante, letrista, bloguera, carolinocéntrica en exceso… acaba de publicar su poemario Anunciado en Televisión, PREMIO ANGEL URRUTIA ITURBE, 2011.

El libro está prologado por Emilio Tadeo, quien ya nos avanza la presencia de Catulo, porque “la anfitriona […] ama y odia, como Catulo, sí, pero siempre ama cuando odia, y sufre, sí, pero también goza cuando ama y cuando más ama odiando“. En la segunda parte dedica un poema a Hera:

Tranquilita, Hera, tranquilita,

te devuelvo a tu Zeus intacto.

Nunca ha sido más virgen,

ni allá en sus once años.

Eso sí, yo no respondo

por las divinas o las humanas

que calientan su cremallera

de hombretón enamorado

los pares y los impares

de su ocupado calendario.

Te diré que no es mi tipo

sin entrar en detalles.

Ni tan divino ni tan humano

ha resultado ser tu marido.

Quita, quita, no seré yo

quien hable, que no me atañe

según me recibías en el Olimpo

para tirarme de los pelos,

de la lengua o por un desfiladero.

Ni soy tonta ni tu amiga,

ni este pendejo mi amante

ni esto una epopeya antigua.

Así que corto y cambio,

que dura ya lo que poco ha sido,

y que tu marido te aproveche

si te dejan las otras, algún domingo.

 

El libro ha sido presentado en la Sala Ruzafa, de Valencia. Felicidades, Carolina!

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La historiografía griega  no pudo sustraerse a la influencia del nuevo modo de pensar suscitado por la Filosofía y la Sofística.

Durante un tiempo, la Historia había sido mito, y hay que recorrer un largo camino para llegar, con Tucídides, a la sustitución definitiva de una conciencia mítica del pasado por una racionalizada y crítica.

Primero hay que considerar la epopeya, con gran cantidad de elementos históricos transformados, poemas épicos con transfondo histórico; de ahí que se considere a Homero como un iniciador de la Historia. Pero son los jonios los que comienzan la historia científica, representados por Hecateo de Mileto. El, y otros predecesores de Herodoto son los llamados logógrafos, una especie de archivadores que eran contratados por las grandes familias para hacer las genealogías (y, a ser posible, vincular el origen familiar con alguna divinidad) o escribían sobre las pueblos extranjeros, sus paisajes y sus costumbres. Su obra responde a una evidente necesidad de evocar con certeza el pasado, e incorporan la idea de una continuidad histórica que va desde los orígenes míticos hasta un pasado muy próximo. Realizan una crítica racionalista de los mitos al intentar conseguir el núcleo histórico verdadero por mera eliminación del acompañamiento sobrenatural.

La continuación directa de esta crítica racionalista de los mitos se encuentra en Herodoro de Heraclea.  Escribió una Historia en 17 libros en prosa, recogiendo las hazañas de Heraclés, en la que aprovechó conocimientos geográficos, científico-naturales y filosóficos, y así creó un extraño producto mixto de pseudohistoria en el que la hisoria no era fin en sí misma, sino sólo instrumento de una tendencia didáctica.

Pero el primer prosista griego de quien poseemos su obra es HERODOTO de Halicarnaso (484 a.C.). Parece que su familia no era griega, sino caria. Por motivos políticos su padre tuvo que huir a Samos, desde donde Herodoto pasó a Atenas; desde esta ciudad viajó por todo el Mediterráneo.

La obra de Herodoto está en conexión con la de los logógrafos precedentes: el gusto por lo novelesco, el papel atribuído a las descripciones de lugares y costumbres… pero lo más importante es su convicción de que lo narrado está gobernado por el destino, un poder  determinado por la divinidad. Y es la misma divinidad la que impide al hombre salirse de los límites que le han sido señalados (“El hombre es todo él obra del destino” (I, 32) )

Sus Historias están divididas en 9 libros, titulados cada uno con el nombre de una musa. Utiliza una técnica narrativa en la que no hay una narración seguida, sino que los excursos son contínuos, cada vez que la mención de un rey o de una ciudad dan pie para ello. Acepta todo tipo de fuentes sin contrastarlas, pero intenta determinar siempre la verdad de los hechos de manera objetiva, indagando también en los motivos que propiciaron las actuaciones de sus personajes. Es por ello que se ha llamado a Herodoto “padre de la historia”(Cicerón), porque busca una conexión causal entre los fenómenos históricos. Así, ofrece una consideración de todo el acaecer histórico desde el punto de vista unitario de una lucha entre Europa y Asia (pues no se ciñe sólo al mundo helénico). Es la suya la primera historia universal que apunta a la narración de las guerras Médicas, descritas en los tres últimos libros.

El creador de un nuevo tipo de literatura histórica será TUCÍDIDES, ateniense nacido hacia el 465 a.C.. Su exilio de 20 años en 424 a.C.(a raiz de haber fracasado en una misión militar como estratega en Anfípolis) divide su vida en dos períodos, en el primero de los cuales, educado esmeradamente,  participa de la vida de su patria y se muestra partidario de la política de Pericles, “el poder de un solo hombre”. En su exilio sólo se dedicó a su historia.

Escribió en 8 libros la Historia de la Guerra del Peloponeso que estalló en 431 entre Esparta y Atenas, y que involucró a favor de uno u otro bando al resto de las polis griegas. Sin embargo, no narra la guerra íntegramente, porque el autor murió antes de haberla finalizado.

Tucidides no concibe la historia como una sucesión aséptica de hechos, sino que la propone como tema de estudio, una “adquisición para siempre”(ktéma eis aeí), porque descubre en la realidad de la vida una normatividad causal que todo lo domina, a la naturaleza y a los hombres. Llega a una  especie de tipología de los hechos históricos: dadas las mismas circunstancias encontramos los mismos fenómenos.

La tarea principal de la historiografía es buscar la verdad, para lo cual Tucídides prescinde casi totalmente de las historias de héroes e intenta precisar los hechos de épocas remotas de la manera más objetiva posible. Así, la religión sólo es importante en cuanto fenómeno social cuyo efecto psicológico sobre las masas debe ser tenido en cuenta; sólo queda un resto irracional: la tuvch, de la que hay que intentar defenderse mediante el cálculo.

De su Historias  destaca la descripción de la peste que asoló Atenas en 429 y que causó una espantosa mortandad (incluído Pericles); describe minuciosamente los síntomas de la epidemia (el propio Tuc. la sufrió pero se salvó). En éste y en todos los casos que analiza, Tucídides descubre la estrecha relación entre los hechos psíquicos y los físicos, y llega a un concepto unitario de “naturaleza humana”  a la que imagina constante.

Su estilo es difícil: escribe para gente formada e interesada, lo que le ha hecho pasar a la historia de la literatura como el creador de la prosa ática (en la que mezcla influencias jónias). No es gorgiano porque no comparte las ideas de Gorgias sobre los efectos encantadores del lenguaje, sólo pretende ser útil. En él alternan el equilibrio y la variedad. Destacan sus discursos y nos ofrece el primer diálogo de la literatura: el dialogo de los Melios, en el que trata todos los aspectos de la política de fuerza empleada por Atenas con los miembros de la Liga ático-délica, de las ideas morales o religiosas que la sustentan o la condenan.

Queda por señalar, por último, la figura del ateniense JENOFONTE (430-335 a.C.), que en sus Helénicas, enlaza con el final de la Historia de Tucídides.

Jenofonte no se ve muy afectado por los influjos de la oratoria y comprende en su producción temas que no son históricos. Participó en la expedición de Ciro el joven (401 a.C.), que pretendía derrocar del trono a su hermano Artajerjes II; la victoria en la batalla de Cunaxa (404) perdió su significado por la muerte de Ciro y la difícil situación del ejército, la retirada de los DIez Mil a través de las llanuras de Anatolia, a cuyo frente estuvo Jenofonte.

Fue exiliado de Atenas y se dirigió a Esparta, donde se dedicó a la vida campesina, la caza y el retiro literario.

Sus obras históricas son tres:

– En las Helénicas, escrita en 7 libros y utilizando el anonimato, narra los últimos años de la Guerra del Peloponeso adoptando una perspectiva filoespartana y logra reflejar la confusión reinante en Grecia.

– La Anábasis (“Subida”, es decir, la ascensión desde la costa hasta el interior de Persia) narra la expedición contra Artajerjes, la muerte de Ciro en Cunaxa y la retirada de los Diez mil griegos hacia el Mar Negro; tiene carácter autobiográfico y recuerda los libros de viajes; el tema fundamental es el reconocimiento de las limitaciones de la condición humana. La narración es viva y directa, como corresponde a la observación personal y los recuerdos.

– En el Agesilao, obra mucho más retórica, caracteriza al monarca ideal. Sirvió para difundir la imagen “noble espartano”; introduce el género de la biografía recurriendo al orden cronológico y evidencia sus ideas sobre el arte de gobernar.

El resto de sus obras se dividen en dos:

• escritos pedagógicos: la Ciropedia, historia de la juventud, ascensión y gobierno de Ciro el Viejo, es la biografía de la literatura griega clásica más amplia que conservamos; la Constitución de los Lacedemonios, en que muestra el contraste entre la austeridad y la virilidad del pasado y la corrupción del presente; los Ingresos; Obras sobre hípica y caza  y el Hierón, obra dialogada en que presenta al poeta Simónides conversando con el tirano de Sicilia.

• escritos filosóficos, especialmente importantes por aportar datos sobre la personalidad de Sócrates, a quien Jenofonte admiró en su juventud. Las Memorables en 4 libros relata conversaciones del maestro. El Económico es interesante porque utiliza el método socrático de preguntar para despertar el conocimiento que el discípulo ya posee. En el Banquete Sócrates nos habla sobre el amor; y en la Apología de Sócrates mezcla discursos  con noticias sobre su conducta.

Como historiador, Jenofonte no es exhaustivo y margina hechos de primera importancia, con una característica ingenuidad que le acerca a la imporvisación sin el examen crítico requerido. A pesar de su parcialidad, presenta un material fiable.

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[TEMA 13 de las PAU de la Comunitat Valenciana, curso 2010/2011]

En un país como Grecia,  donde en la vida civil los tribunales llegaron a tener una intervención decisiva para los ciudadanos, es natural que la retórica y la oratoria adquirieran gran importancia. La elocuencia era indispensable al héroe homérico y Aquiles fue educado para ser experto en palabras. Como ocurre con los anteriores, el nacimiento de la oratoria como género literario viene precedido por un ambiente cultural idóneo en que florecen las disquisiciones sobre lo justo, lo real, lo posible, lo conveniente etc. Será, como el drama, un género eminentemente ático, asociado a una época y una ciudad concretas: la Atenas de finales del s.V y principios del IV.

PROSA GRIEGA

 

Sin embargo, para explicar el nacimiento de la oratoria en Grecia hay que recurrir a un mundo previo en el que se cree en el mágico poder de la palabra, un mundo primitivo en el que la ará (“imprecación”), la palabra enunciada, posee activiad y fuerza incoercibles. Esta palabra poderosa destruye y crea, cura y hechiza… y en este tipo de culturas en las que entre el nombre y la cosa que significa se concibe una unidad sustancial, se llega a un punto en que es difícil distinguir entre inspiración poética, ritual mágico, mito, religión, poesía y profecía.

Los primeros planteamientos de estructurar el lenguaje como un arma dialéctica, un instrumento para el dominio de los hombres, los encontramos en la Sofística, concretamente en PROTÁGORAS DE ABDERA. Gracias a la sofística y a su retórica los discursos públicos se hicieron literarios, pues se empezó a ver en ellos obras de arte dignas de conservación escrita. A partir de aquel momento la educación oratoria resultó imprescindible para la carrera de estadista; pero la retórica incluyó en su ámbito de influencia toda la prosa y, especialmente, la historiografía.

En 427 a.C. llega a Atenas GORGIAS DE LEONTINOS y se dedicó a la enseñanza de la retórica. La base del estilo gorgiano consiste en trasladar a la prosa figuras y recursos propios de la poesía: la palabra seductora de los versos homéricos es ahora lovgo”, prosa. En el Encomio de Helena Gorgias establece que la palabra, el logos, engañó a Helena, que filosóficamente la palabra no dice la verdad y que tampoco el arte de la palabra aspira a la verdad. Los oyentes, ante el discurso elaborado no sólo se dejan engañar y convencer, sino que además experimentan sensaciones variadas y extremas.

Según Gorgias, Helena no merece la mala reputación que arrastra por haber abandonado a su esposo y haber seguido a Alejandro a Troya. Porque aunque esto hizo, se vio obligada a hacerlo, bien por disposición del destino, o por la fuerza, o bien porque se dejó persuadir mediante la palabra, o bien por amor. El poeta de antaño cede ante la figura del orador sofista que convierte el “mágico poder de la palabra” en fundamento de un ideal de formación retórica y formal. A partir de este momento, el pueblo de Atenas mide y valora los discursos, pero no por su contenido de verdad, sino por su capacidad de persuasión. Aparece el virtuoso del discurso, siempre dispuesto a demostrar su maestría y virtuosismo, orgulloso del poder inmenso de su instrumento (la palabra) que él sabe manejar como nadie con criterios específicamente artísticos y estéticos, pues considera que su arte, la retórica, no es un arte, sino un fin en sí mismo.

En Atenas se dieron circunstancias favorables para que prosperase este arte de la palabra persuasiva. Con la instauración de la democracia radical (Efialtes y Pericles, 462-1 a.C.) se incrementó el afán ateniense por la paideiva (“educación”), el arte y la cultura; lo importante no es ya el estudio de la naturaleza, sino el enriquecimiento del hombre y una mayor posesión de conocimientos. Arraiga en Atenas la elocuencia; todo ciudadano tiene derecho a acusar y a defenderse, si es acusado, ante un jurado compuesto por un  mínimo de 201 ciudadanos, los cuales no dominan cuestiones legales, sino que se dejan llevar por el efecto de las palabras del elocuente orador. El ciudadano inexperto recurría entonces a un logógrafo (que le componía el discurso y el litigante lo memorizaba) o bien estudiaba retórica.

Dadas las múltiples finalidades a que podía dedicarse el discurso, la Oratoria pronto se escindió en tres direcciones: epidíctica (la que enseña el arte de hablar en público), forense (que defiende causas ante los tribunales) y  política.

La oratoria epidíctica es, pues, un género en que la prosa aparece revestida de los ornamentos de la poesía; el orador desarrolla un tema más o menos serio, empleando un tono declamatorio, haciendo abundante uso de lugares comunes, de tópicos, y proponiéndose como meta el propio lucimiento personal o el esplendor de una conmemoración o la alabanza de una persona o colectividad.

Dentro del género epidíctico hay especies varias de discursos de aparato como el panegírico, el encomio, el discurso funerario o epitafio y el discurso erótico.

Poco a poco se fue logrando lo que constituiría el esquema típico del discurso: proemio (proposición, exposición, división para conseguir la atención de los miembros del jurado), diégesis o narración (prenarración, narración adicional, argumento preparatorio en que se presentan los hechos con claridad), argumentación o pistis (pruebas, discusión, confirmación, refutación, amplificación, recapitulación), y epílogo o conclusión en que se resume la cuestión intentando provocar la emoción de los miembros del jurado.

ISÓCRATES (436-338 a.C.)

Es el autor más importante de la oratoria epidíctica. Discípulo de los sofistas dedicados a la Retórica, empezó a ejercitarse en la oratoria forense pero la abandonó para establecerse como maestro de retórica. Enseñaba a disertar, es decir, a idear y ordenar pensamientos, a desarrollarlos y exponerlos de manera convincente; proporcionaba a sus discípulos conocimientos de lo que hoy podríamos llamar cultura general.

Se sitúa ya en el s.IV, tiempo en el que la Retórica desafía por un lado a la Filosofía, esgrimiendo su capacidad para formar a los jóvenes, y por otro a la Poesía, al discutirle el derecho exclusivo a una temática que ya puede ser tratada en prosa.

Isócrates fue el primero en considerar el lenguaje como algo que se puede modelar a voluntad y le dio importancia al acabar bien un período, con ritmo, evitando las cacofonías y el hiato. El juicio sobre él oscila entre la mediocridad espiritual que demostró y la eficacia de su escuela. En 393 abrió en Atenas (junto al gimnasio del Liceo, en el mismo lugar en que Aristóteles reunía a sus discípulos), una escuela que rivalizará con la Academia de Platón (fundada en 387). La paideia isocrática se sostiene en la Retórica tan criticada por Platón. Ambos adoptan las ideas educadoras de los sofistas e introducen en ellas sus matizaciones, pero Isócrates se presenta desde el primer momento en contra de los postulados de Platón y defendiendo la cultura sofística. Es, en el fondo, un verdadero sofista. Tiene el convencimiento antiplatónico de que al hombre le está vedado el conocimieto absoluto.

Se preocupó de la política y fue partidario del panhelenismo, la unión de todos los griegos contra la amenaza del poder macedonio de Filipo. Se sentía predestinado a actuar dentro de un pequeño círculo (padecía agorafobia) como maestro de una nueva forma de acción política: quería formar nuevos hombres que pudieran mostrar a la masa mal dirigida nuevas metas. Defiende la idea de que la concordia entre los griegos se alcanzará uniéndose en la lucha contra Persia.

Entre sus obras destaca la Helena, en que se opone a las ideas de Gorgias, el Panegírico (alabanza de Atenas) y el Panatenaico . Utiliza un estilo centrado en la frase, que busca la armonía en el enlace lógico de las ideas y en la subordinación de los pormenores a la esencia y al conjunto. Evita los poetismos y las metáforas audaces…

A partir de Isócrates la prosa griega es ya cuidada, precisa y evita el hiato.

LISIAS (445-380 a.C.)

El más representativo de la oratoria judicial es Lisias, aunque un poco anterior a él destacó ANTIFONTE DE RIMNUNTE, que estableció las partes del discurso. En este tipo de discursos los oradores no tenían ningún empacho en maltratarse con un verdadero lujo de injurias

Lisias era meteco y no llegó a conseguir la ciudadanía ateniense. Normalmente escribía discursos para sus clientes, ya de acusación, ya de defensa, y era el propio cliente el que los leía ante el tribunal. Esta actividad se denominaba logografía.

Su discurso más importante, Contra Eratóstenes, lo pronunció personalmente, pues en él acusaba a Eratóstenes de la muerte de su propio hermano.

Utiliza un ático fácil y agradable en los 34 discursos que conservamos. Lo que más se admira de él es la facultad de crear un personaje y de prestarle sentimientos, palabra y tono perfectamente de acuerdo con la condición de su cliente. También destaca por la clariad de la expresión, la falta de afectación, brevedad en la exposición de un pensamiento y redondeamiento de períodos.

DEMÓSTENES (384-322 a.C.)

Supone la cumbre de la oratoria griega. Todos sus biógrafos coinciden en declarar que de joven tuvo problemas para hablar en público y que venció gracias a un tesón indomable. Inauguró su carrera de orador acusando a los tutores que había nombrado su difunto padre de dilapidarle la herencia. Por tanto, sus inicios fueron de logógrafo, pero hacia el 350, movido por su patriotismo, se pasó a la oratoria política para atacar a Filipo y a los filipistas de Grecia.

En sus discursos políticos, escritos con una lógica implacable, echa en cara a los atenienses su apatía y el juego hábil de Filipo que se gana a unas ciudades griegas con promesas, siembra discordias civiles en otras y fomenta todo aquello que puede dividir a los griegos.

Destacan sus tres Filípicas, tres Olintíacas y el Quersonesíaco. Pero el más importante es el discurso pronunciado el 330 A.C. Por la corona, donde no sólo defiende su política antifilípica y ataca a su enemigo Esquines, sino que es una apología encendida de la civilización frente a la barbarie, de la inteligencia frente a la fuerza bruta, un canto supremo a la libertad.

Su estilo es difícil de definir: emplea a la vez y con igual soltura amplios períodos y frases breves, innovaciones léxicas y palabras de cuño poético, locuciones de la lengua coloquial y figuras de la dicción. En sus discursos sorprenden a un tiempo la brevedad descriptiva y la morosidad producida por sinónimos encadenados mediante conjunciones copulativas. No es tan sobrio como el de Lisias ni tan exuberante como el de Isócrates, pero es más rico que el del primero y más vivo que el del segundo.

 

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El período comprendido entre la mitad del s.VII y la mitad del s.VI a.C. fue época de grandes transformaciones. Con la caída de la monarquía y de la aristocracia en el interior de Grecia surge la polis, en el que se fundieron el elemento aristocrático y el elemento medio urbano, con el acceso de la “burguesía” al poder.

-Hay un aumento demográfico.

-Entran en crisis las políticas internas.

-Se producen migraciones y colonizaciones (costas del mar Negro, Egipto y N de Africa, Sicilia y el S de Italia… )

-Cambia la situación económica.

-Se incrementa el comercio.

-Se transforman las clases sociales.

-Se desencadenan guerras que exceden los límites locales…

-Surgen personalidades que se presentan como jefes de partido y algunos acaban convirtiéndose en tiranos, es decir, gobernantes por la fuerza..

-Se abre camino a una espiritualización de la vida que se refleja en la religión: el hombre adquiere mayor conciencia de la responsabilidad por la propia conducta.

-La arete (“virtud”) aristocrática es sustituida por el ideal de justicia (ya en Hesíodo).

En este mundo revuelto, se intensifica el sentimiento vital de los hombres por el despertar de las pasiones políticas y por la necesidad del individuo de imponerse en su lucha por la existencia; esta intensificación del sentimiento vital individual consigue una expresión adecuada en una nueva forma poética: la LÍRICA, una poesía apropiada para el canto, acompañada de la lira o del aulos –flauta (o el diaulós, doble flauta), aunque la lírica yámbica acabó siendo recitada.

No ha quedado nada del acompañamiento musical, y se supone que debía incluir también la danza.

Kylix de Brygos, 490 a.C. aprox.(Museo del Lovre, París)

En sus orígenes sin duda hay relación con la fiesta, y aunque apenas hay información sobre las manifestaciones preliterarias, anteriores al impulso del s.VIII a. C., la aparición de las grandes festividades griegas en el s.VIII (los Juegos Olímpicos comenzaron en el 776 a. C), y el VII, contribuyó al desarrollo de la lírica en sus diversas formas.

LA POESÍA GRIEGA ARCAICA

En la poesía de este período aún hay huellas del pensamiento homérico y de la seriedad vital hesíodica. La dureza de la vida combativa da lugar, a veces, a un pesimismo desesperado. La religión cultual y oficial, que se integraba en la polis con el estado para formar un todo único e indivisible, no bastaba ya para satisfacer las necesidades ideológicas. Se vislumbra un nuevo mundo sentimental que no tiene ya nada que ver con la calma y la resignación con que el hombre homérico se enfrentaba a su vida y a sus dioses. Es común la idea de la indefensión del hombre, como un ser limitado ante el poder supremo de los dioses.

Por su temática, la lírica admite un contenido de gran variedad, desde un canto de boda hasta una exhortación guerrera. Son composiciones habitualmente breves, de estructura y formas métricas también muy diversas

Junto a la brevedad, otra característica de la lírica sería la inspiración del poeta como elemento primordial y el empleo del tiempo presente, porque ya no importa el pasado.

En cuanto a su estructura hay un esquema ternario con frecuentes ampliaciones de otros elementos según la complejidad mayor o menor y la extensión definitiva del poema. En el PROEMIO se encuentra la invocación a las Musas, a la divinidadd, etc… La parte central de la composición le sirve al poeta, bien para contarnos el mito o para ampliar el proemio; en el EPÍLOGO queda recogido el comienzo del poema mediante el recurso a la composición anular. Este simple esquema encuentra en cada autor las más complejas combinaciones.

La clasificación tradicional distingue varios subgéneros.

 

La LÍRICA CORAL agrupa las composiciones destinadas a ser cantadas, y entre ellas se distingue el EPINICIO.

Es un género panhelénico, no circunscrito al territorio espartano, sino cultivado por poetas viajeros. [Esparta no era aún la ciudad militarizada y xenófoba de épocas posteriores]. La ejecución era de tipo mixto, con un proemio y un final cantados por el solista y un centro coral.
•Expresa menos la emoción personal que en el resto.
•Eran composiciones interpretadas por un coro en movimiento, al son de la lira o cualquier instrumento de cuerda, con motivo de algún tipo de fiesta o acontecimiento colectivoà no se improvisa
•En su origen, la mayoría de los poemas corales eran himnos a los dioses, aunque fue introduciendo temas variados más humanos que no dejaron nunca fuera, totalmente, la religiosidad.
•En su estructura métrica se utilizaban las tríadas, formadas por tres estrofas (estrofa, antistrofa y épodo)
•Tipos de composiciones destinadas a ser cantadas:
-peanes (himnos en honor a Apolo),
-ditirambos (himnos en honor a Dioniso),
-trenos (cantos de lamento)
-partenios (cantos de mujeres jóvenes)
-prosodias (cantos procesionales de jóvenes doncellas),
-epitalamios (cantos nupciales),
-encomios (elogios dedicados a hombres),
-epinicios (cantos en honor de los vencedores en competiciones atléticas),
-cantos de guerra.
-hyporquema (acompañado por bailarines que hacían movimientos miméticos).

El primer poeta lírico no griego es Alcman de Sardes (floruit 700 a.C.), aunque hay opiniones que afirman que sería de Esparta.

Conocemos dos cantos de doncella o partenios: el papiro del Louvre, y el papiro de Oxirrinco (33 fragmentos).

Estesícoro de Himera (c. 630-550 a.C.) escribió poemas líricos de gran longitud, de temática épica, con estructuras ternarias.

Conocemos fragmentos de su Gerioneida sobre la muerte de Gerión a  manos de Héracles.

Simónides de Ceos (c.556- 467 a.C.) trató innumerables temas  desde una visión muy pesimista de la vida humana. Lo más importante fue que creó el epinicio (canto triunfal), que da a la lírica coral una nueva perspectiva. Es una composición escrita por encargo para celebrar un triunfo deportivo, que incluye un elogio personal del vencedor y de su familia, incluyendo a veces un mito, y un elemento gnómico (moralizante). Se considera suya la idea de que «la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda», origen del tópico horaciano de ut pictura poesis.

Otros poetas que cultivaron el epinicio fueron Píndaro y Baquílides.

Píndaro de Tebas (c. 522-448 a.C.), del que conservamos 45 epinicios, llevó la poesía coral a su cima. En él el elemento religioso no es ornamental, sino vivencia. Los dioses son sagrados y el mito no es sólo un adorno de su poesía, sino objeto de seria y profunda meditación que facilita el conocimiento del bien. Entre sus obras los alejandrinos conocieron Himnos, Odas, Peanes, Ditirambos, Prosodia, Partenios, Encomios, Trenos y Epinicios.

Los
Epinicos u odas se conservaron relativamente, y los alejandrinos los clasificaron según los juegos en que se obtuvieron las victorias: Olímpicas, Píticas, Nemeas, Ítsmicas,
Sólo quedan fragmentos de extensión variable de los Himnos, Peanes, Ditirambos, Partenios, Hyporchémata y Encomios.

De su contemporáneo Baquílides de Ceos (c.520-421 a.C.), sobrino de Simónides, nos han llegado menos obras, aunque se encontraron algunos papiros en el s. XIX que facilitaron su mejor comprensión. Se le atribuyen seis libros de Himnos a los dioses, tres libros de Elogios, uno de Epinicios y Ditirambos. Se le relaciona con la sofística por sus concepciones de la sabiduría y de la virtud: ni una ni otra son innatas.

La LÍRICA MONÓDICA es la primera poesía lirica europea no destinada a ser ejecutada coralmente.

Los griegos distinguían tres tipos de canciones: las amorosas o erotiká, las de mesa o sympotiká, y las políticas o de guerra (estasiotiká). Desde el s.VII se canta con acompañamiento de flauta. La flauta es asociada a la música asiática desde Homero (II. X 13), y la lírica literaria griega comienza con brío en tierras cercanas a Asia (las islas), o en la propia Asia (Jonia).

Se aproxima a la lengua cotidiana. Ordenan las palabras del modo más natural y cómodo, porque no necesitan adecuar el texto a un coro. Usan metros simples y musicales  derivados de la canción popular. La unidad es la estrofa, que rara vez tiene más de cuatro versos.

Tradicionalmente se distinguen tres tipos: la lírica yámbica, la elegíaca y la mélica. E incluso se puede considerar el Epigrama, con menos pretensiones literarias, pero con gran difusión en ofrendas y epígrafes votivos y sepulcrales.

La MÉLICA aparece en la isla de Lesbos a principios del s.VII a.C., donde viven y mueren los dos poetas más representativos del género: SAFO y ALCEO. Era de tema amoroso principalmente. Utilizaba breves estrofas de métrica variada.

Alceo, (floruit c.630 a-C), de familia noble, caracteriza su poesía por la sinceridad. De él procede la metáfora, muy utilizada después, que compara la marcha política de la ciudad a una nave en alta mar expuesta a tempestades. Escribió cantos guerreros, de banquetes e himnos a los dioses. Muestra influencias de Homero, de la lírica hímnica y religiosa, y de otra lírica más popular.

Escribió cantos guerreros, de banquetes e himnos a los dioses, pero desde su lucha reflexiona sobre todo lo humano. Sus tres temas principales son  la exaltación del vino, que lleva el olvido, su invectiva contra los opositores políticos y la vena naturalista.

Safo parece que era una especie de institutriz de muchachas de la nobleza de la isla. Su poesía es simple y poderosa a la vez, de enorme poder intuitivo. Refleja una enorme humanidad y profundidad en el conocimiento de los sentimientos, especialmente femeninos. Desdeñaba la riqueza sin virtud, lo que la enfrentó a algunas familias aristocráticas y le valió el destierro.

Casada con un comerciante, tuvo una hija, Cleis, y al enviudar parece que dirigió una asociación o colegio para señoritas, en un ambiente de música, canto y danza à llama a su casa “casa de las servidoras de las Musas”. Hay interpretaciones muy distintas, pero es impensable la perspectiva de la prostitución y la corrupción. 

Menandro (fr. 258K) cuenta que se enamoró de Faón y, al ser rechazada, se suicidó saltando al mar desde una roca de Leúcade, pero se trata de una mala interpretación, porque Faón era un dios de la fecundidad del cortejo de Afrodita. Erotismo, amor, pasión y belleza dominan sus poemas, en una sociedad en la que los sexos viven lo afectivo por separado, exceptuando el matrimonio.
Trata temas de fiesta, autobiográficos y familiares, pero no de guerras ni política.
Safo ama a sus amigas, pide que le correspondan, compara su amor, habla de celos y separaciones, se queja de las que se fueron y de las que le rechazaron, habla de sus rivales Andrómeda y Gorgo, de las que van a irse con un hombre, promete no olvidar…parece, en muchos casos, que se trata de algo más que amistad. Ama la belleza por encima de todo y en todo momento pide a los dioses que la ayuden.

Anacreonte (c.520 a.C.-435 a.C.) cultivó también la lírica monódica. Guerrero, bebedor y pederasta en una pieza, a pesar de haber llevado una turbulenta vida llegó a los 85 años.

La POESÍA YÁMBICA, como poesía de la invectiva y de la sátira, está representada por Arquíloco, Hiponacte y Solón. En su origen el yambo (píe rítmico v-) estuvo asociado a los discursos satíricos del culto de la diosa Deméter.

Arquíloco de Paros (c. 680 – 645 a.C) fue el iniciador del género; canta al amor y al vino y no se avergüenza de declarar que arrojó el escudo en la batalla para salvar la vida. Cuenta el odio a sus enemigos y con sencillez describe a su amada. Las clases bajas y populares encontraron en la poesía yámbica de Arquíloco (hijo de una esclava) un órgano para su sentimiento de odio contra todo lo aristocrático y rico; manifiestan con orgullo y ostentación su pobreza y su envidia.

Hiponacte de Éfeso (floruit 550 a.C.) llega a extremos soeces en sus versos de mendigo errante; describe el submundo de Efeso y Clazomene, ciudades en que vivió entre pícaros y mujeres. Perteneció a la aristocracia, conocía a Homero y a Arquíloco.

Se dice que algunas de las víctimas de sus poemas llegaron a suicidarse. Usa en ocasiones yambos cojos o coliambos, de carácer más popular y vulgar, como es su poesía. Su lengua, en jonio, es realista, con numerosos extranjerismos. Entre sus temas falta cualquier alusión patriótica o ciudadana. Si hay composiciones de tema mitológico, de erotismo crudo, y ataques a los enemigos, especialmente a Búpalo, con cuya amante mantiene relaciones. Llega a burlarse de sí mismo.

Semónides de Amorgos (floruit 650 a.C.) también escribió elegías. Destaca su “Yambos de las mujeres”, largo poema en que se evidencia su misoginia y afirma que las mujeres descienden de distintos animales, por lo que han asimilado las malas cualidades de las bestias.

La LÍRICA ELEGÍACA es una creación jonia derivada del verso épico, como lo muestra su forma de dístico (hexámetro más pentámetro); en esta forma poetas como Calino, Tirteo, Mimnemo o Solón han expresado sentimientos (y situaciones menos personales con el yambo.) Los poetas alejandrinos convirtieron la elegía en un tipo de poema en el que se cantaban, entre alusiones mitológicas, las alegrías y penas de amor de los héroes mitológicos. Están convencidos de que el destino de sus pueblos depende de ellos, y, por consiguiente, se dedican con intensidad y resolución a la vida política: profeta, predicador, político, sabio son funciones desempeñadas normalmente por los poetas.

Calino de Efeso (floruit 675 a.C.) fue tal vez el iniciador del género, pero de él conservamos muy poco. Muestra el amor a la patria al convocar a sus perezosos compatriotas jonios a luchar contra el peligro de la invasión cimeria.

Tirteo (floruit 650 a.C.) cuando Esparta vive la segunda guerra mesenia àTirteo es el abanderado de la represión. Sus fragmentos son una parénesis, o exhortación, dirigida a los jóvenes espartanos para atacar al enemigo y morir por la patria. No se sabe si sus elegías eran cantadas en algún banquete o fiesta comunal antes de las batallas, o bien se entonaban durante la marcha del ejército.

Tirteo parte del mundo poético de Homero: viste de lenguaje épico un asunto contemporáneo como la guerra. Celebra la constitución de Licurgo. Un tema importante es  que el pueblo no quiere al que vuelve indemne de la batalla, mientras que añora a un héroe que muere en combate.

En Atenas destacó Solón, que insta a la concordia y a la paz interna; alaba la riqueza conseguida honradamente. Convirtió la poesía en altavoz de sus ideas políticas y ético-religiosas y la utilizó para justificar su obra de reforma político-social. Para Solón, Zeus es el dios que con firme mirada puesta en el fin lo dirige todo sabia y justamente, sin intervenir arbitrariamente en el curso de las cosas. La raiz del mal en el mundo es la soberbia, la humana hybris. El ideal de justicia que asomaba en Hesíodo cobra ahora especial resonancia, porque la injusticia lleva al desorden social.

De las elegías (1-23) conservamos 219 versos, de los, al menos, 5.000 que compuso, pero también escribió yambos.
Con Solón el yambo se carga de seriedad y dignidad. Su estructura es diferente de la que tenían hasta entonces, ya que ahora las sentencias son largas y van abarcando un tema tras otro hasta completar el sentido.
Sus temas son variados: el amor homosexual, disfrutar del amor masculino o femenino a la edad apropiada para ello, los placeres del banquete, la vida aristocrática, el progreso y transcurso de la vida, distribuida en periodos de siete años (19), aconseja casarse en el quinto periodo, entre 35 y 41 años.
Celebra la vejez al considerar que la inteligencia y la lengua sobresalen en el séptimo y octavo: no es a destiempo que la muerte llegue al final del décimo, es decir, a los 77 años.

Mimnermo (floruit 632 a.C.) compone dolorosas elegías acerca de la nulidad de la vida y canciones de amor dirigidas a una flautista llamada Nano, que posiblemente acompañaba el recitado de sus elegías. Su elegía titulada Nanno es el primer ejemplo conservado de elegía narrativa, con el tema predominante del goce del amor y el disfrute de la juventud, y, como contrapartida, el recuerdo de la vejez que se acerca.

Teognis de Megara (floruit 550 a.C.) se ciñe al género didáctico exponiendo los principios aristocráticos. Convencido de la verdad de la ética aristocrática según la cual el origen noble coincide con la nobleza de carácter, el valor  y la areté, incapaz de adaptarse a la nueva situación, privado de todos sus bienes por la revolución democrática e impotente ante el curso de los acontecimientos, el poeta contempla con odio indescriptible a los recién llegados “burgueses” y también a sus compañeros de clase que, mediante matrimonios de conveniencia, se unen a los nuevos ricos, estropeando así su raza y linaje. Quiere enseñar a un joven, Cirno, los principios en los que él mismo se educó, y le incita a mno tener trato con los malos, es decir, con los plebeyos. Su actitud resignada y pesimista (“No haber siquiera nacido sería lo mejor para los hombres terrenos”), se manifiesta también ante la religión.

Jenófanes de Colofón (c.580-465 a.C.)  participó en la colonización de Elea en 545. Presenta una visión de la divinidad con una lírica vinculada a la filosofía. Tiene obsesión por la dike –justicia- cuando enfoca los problemas de la naturaleza humana y de la virtud. Compone elegías y yambos.

 

En época helenística la poesía es erudita, ya que la mayor parte de los poetas fueron encargados de la Biblioteca de Alejandría. Buscaron la originalidad en la exhibición de la sabiduría, el ingenio, la elegancia y la técnica refinada.

Utilizaron el mito como un elemento decorativo. Las alusiones, las reminiscencias del pasado, las metáforas ingeniosas confieren a la poesía de esta época una complicación que sólo puede ser comprendida por el público cultivado y reducido de los círculos selectos.

Destacan Calímaco (310-240 a.C.), poeta erudito famoso por “La cabellera de Berenice”, Apolonio de Rodas (c.295-215 a. C.), del que se ha conservado las Argonáuticas, y Teócrito de Siracusa (s.III a.C.), iniciador del género bucólico o de diálogos de pastores.

Por último, el EPIGRAMA es una composición poética (en dísticos, hexámetros o yambos) difundida en ofrendas, epígrafes votivos o sepulcrales, etc.; llegó a  formarse una especie de repertorio de fórmulas y esquemas adaptables a otras situaciones y ocasiones con sólo variar una palabra, un nombre propio etc.

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Al hablar de tragedia griega hay que tener en cuenta las muchas diferencias que existen entre la tragedia griega y la tragedia europea posterior. La tragedia griega se diferencia de una tragedia moderna fundamentalmente en lo siguiente:

–  La representación: la tragedia griega reunía elementos que no aparecen en una tragedia moderna, como son el coro, la música, la danza, la máscara, el coturno, etc.

–  Su relación con el culto: la tragedia antigua formaba parte del culto oficial de la ciudad y se representaba en una fiesta religiosa, en honor al dios.

–  El concepto de lo trágico. Actualmente se entiende la tragedia como una obra en que se plantea un problema de difícil solución, cuya conclusión es penosa y que normalmente conlleva la muerte, pero algunas tragedias de Sófocles y una buena proporción de las de Esquilo y Eurípides dejarían de ser tragedias según esta definición, ya que culminan con un final feliz; aunque, desde luego, cumplen otras condiciones que los atenienses exigían a una tragedia.

Resulta muy difícil entender lo que un espectador del s. V entendía por tragedia, fundamentalmente por el escaso material de que disponemos -tan solo 32 obras de la gran cantidad que se representaron y sólo de tres autores- y por el tiempo transcurrido, que hace que estas obras nos resulten lejanas.

Una tragedia griega era una obra en verso que se representaba en las fiestas religiosas de la ciudad y que trataba de un tema mítico ya conocido por los espectadores. En las obras que conocemos los temas se toman del ciclo heroico, en especial del ciclo tebano o troyano. Lo que quedaba excluido era el tema histórico contemporáneo. Además del tema, debía cumplir con una serie de rasgos formales, como la alternancia entre canto y recitado, y el mantenimiento de una estructura arcaica compuesta por:

–  Un prólogo, en el que se ponía en antecedentes al espectador y se le situaba en el momento en que comenzaba la acción.

–  Una parodo, entrada del coro.

–  Una alternancia de episodios (recitados por personajes) y estásimos (cantados por el coro).

–  Un éxodo o salida del coro de la orquesta.

La existencia del coro es un rasgo fundamental que resulta sorprendente actualmente. Estaba formado por doce o quince personas, que recitaban y bailaban al ritmo de la música. Mientras los actores representan el argumento, el coro hace comentarios acerca de la situación, pero normalmente no interviene en la acción. Por medio del corifeo o jefe de coro puede también hablar con los actores.

Entre las primeras figuras de la tragedia ática se encuentra Tespis, cuya innovación consistió, según la tradición, en la invención del prólogo y el discurso. Otros de los primeros autores son Querilo y Frinico. Sin embargo los autores de los que hemos conservado algunas obras y que representan el esplendor de la tragedia ática son: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

 

AUTORES REPRESENTATIVOS.

 

 

 

 

Esquilo (525-524/456-455 a.C.)

Esquilo vivió grandes y transcendentales momentos de la historia de Atenas que le marcaron profundamente. Vivió los cambios políticos que condujeron al establecimiento de la democracia y las patrióticas jornadas de las Guerras Médicas. Sin embargo su vida acabó en Sicilia. Fue un autor muy amado por el público, y obtuvo la victoria en el concurso de tragedias en numerosas ocasiones. De entre sus obras conocemos:

  • Los persas, la obra más antigua de las conservadas, que presenta un tema contemporáneo -la reciente guerra contra los persas­ desde el punto de vista persa.
  • Los siete contra Tebas trata del ataque a Tebas de Polinices, su enfrentamiento con su hermano Eteocles y la muerte de ambos.
  • Las suplicantes plantea la huida de las Danaides, que forman el coro, para evitar sus bodas con los hijos de Egipto, y su llegada a Argos, donde reciben la protección del rey.
  • La Orestía es la única trilogía completa que ha llegado hasta nosotros (si exceptuamos el drama satírico). La primera obra, Agamenón, narra la llegada del héroe a su palacio después de la guerra de Troya, acompañado de Casandra, y la muerte de ambos a manos de Clitemnestra y Egisto. En Las Coéforas, Orestes se ve obligado a vengar la muerte de su padre, matando a Clitemnestra. La trilogía se cierra con Euménides, donde Orestes, perseguido por las Erinis, diosas vengadoras de la muerte materna, llega a Atenas, y es absuelto del crimen por el tribunal del Areópago y la intervención de Atenea.
  • Prometeo encadenado narra el castigo que Zeus impone al titán por haber entregado el fuego, símbolo de cultura, a los hombres.

Esquilo ha sido considerado el creador de 1a tragedia en sentido literario. Introdujo el segundo actor, lo que hizo posible el diálogo y la verdadera acción dramática. Sus obras presentan una progresión en cuanto a la técnica dramática. El coro es el autentico protagonista en numerosas ocasiones, y con frecuencia tiende al temor y la angustia, incluso sin que haya fundamento real para ello. Las partes líricas de algunos de sus coros alcanzan la cima del arte poético.

En cuanto a los temas, su innovación consiste en que convierte los mitos y leyendas locales de Grecia en expresiones dramatizadas de los problemas universales del hombre: su relación con la divinidad, su destino, el problema del mal, la herencia de la culpa, el problema de la justicia en su más amplia acepción, el orden que rige el universo, etc.

 

Sófocles (497-496/406-405 a.C.)

De una generación posterior a la de Esquilo, la vida de Sófocles coincide con la Atenas más exuberante y a la vez más convulsiva: las guerras médicas, la gran actividad económica y cultural de la ciudad, y la larga Guerra del Peloponeso. Nacido en el demo de Colono, fue, por encima de todo, el poeta de Atenas, el que mejor encarnó su espíritu y comprendió sus ideales. Y la estima que los atenienses sentían hacia él se vio reflejada en el gran número de premios que obtuvo en el concurso trágico. Se consideraba a Sófocles un hombre muy piadoso y era proverbial su felicidad.

Conservamos, igual que de Esquilo, siete tragedias de Sófocles. Sin embargo vivió hasta una edad avanzada, y parece que trabajó hasta el final, por lo que escribiría muchas más. Además escribió incluso alguna como Sobre e1 coro, referida a las características de la tragedia.

  • Ayax cuenta  la locura del protagonista por haber perdido la adjudicación de las armas de Aquiles. Cuando recupera la lucidez y conoce los actos que su locura le ha llevado a cometer, se suicida. En segundo lugar aparece la disputa sobre su sepultura, que es prohibida por los Atridas pero defendida por Odiseo.
  • Las Traquinias se centra en la muerte de Heracles debida a los celos de su esposa Deyanira. Quizá el sentido último de esta obra sea mostrarnos que el hombre no es víctima pasiva de su destino, sino que toma parte activa en los acontecimientos.
  • Antigona trata 1a defensa de Antígona de la sepultura de su hermano y su muerte. La finalidad de la obra seria invitar a la reflexión, la moderación y la inteligencia, tema frecuente en Sófocles.
  • Edipo rey, considerada por Aristóteles la mejor de las tragedias, se centra en el descubrimiento de la causa de la peste que asola a Tebas, que Edipo, su rey, se compromete a descubrir y remediar. Pero el proceso desvela a Edipo como el verdadero culpable, ya que sin saberlo cometió parricidio y está cometiendo incesto al casarse con su madre, Yocasta. Al conocer la verdad, Yocasta se ahorca y Edipo se saca los ojos.
  • En Electra el tema central no es el matricidio, sino que la figura central es Electra y la obra se centra en la presentación de sus sufrimientos, sus esperanzas y su liberación final.
  • Filoctetes fue escrita en la vejez de Sófocles, y destaca por la polémica sobre el tipo de educación.
  • Edipo en Colono ha sido relacionada con aspectos biográficos del poeta, parece que el anciano Sófocles se vea en un Edipo anciano, que busca la paz de la muerte. Aparece una figura muy diferente de la del Edipo rey, un hombre tan castigado por la vida que en su muerte será elevado a la categoría de héroe.

Sófocles destaca por su creación de caracteres, de tipos humanos, aunque no como los de Eurípides, en que se ven todos los defectos y maldades del ser humano; según el propio Sófocles él creaba a los hombres no como eran, sino como deberían ser. En este autor aparece el héroe trágico que ha pasado a la tragedia moderna: el personaje que se enfrenta a un dilema terrible, que ha de elegir entre lo bueno y lo malo, y cuya elección necesariamente traerá consecuencias terribles (Edipo, Antigona…)

Se nos muestra la antítesis entre el obrar humano y la voluntad inescrutable de los dioses. El hombre puede alcanzar su mayor grandeza al oponer su voluntad inquebrantable ante el destino, pero es una lucha infructuosa, que lleva al sufrimiento y la muerte. El héroe trágico de Sófocles encuentra en esa lucha y esa caída la afirmación de su valor moral, de su grandeza de espíritu. Ante la existencia caben dos actitudes: la del conformista, que se pliega ante la fuerza, y la del héroe, que se rebela y sigue su lucha hasta el final.

 

Eurípides (484-406 a.C.)

Pertenece a la tercera generación de trágicos, aunque la larga vida de Sófocles hizo que pudiera llevar luto por Eurípides. Su vida está repleta de anécdotas y abierta a toda clase de datos novelescos. Eurípides fue blanco perfecto de las críticas de Aristófanes, debido a su carácter, aparentemente distante, austero y ajeno a la vida y la política de Atenas, y a su presunta misoginia.

Mantuvo buenas relaciones con los sofistas y siempre mostró predilección por las corrientes ideológicas y culturales más avanzadas de su época. Sus profundas diferencias con Sófocles se ponen de manifiesto, entre otras cosas, en su relación con el público, ya que mientras al mayor le fue concedido el premio en múltiples ocasiones y gozo del favor del público, Eurípides obtuvo el premio por sus tragedias en solo tres ocasiones, y dos más después de su muerte.

De Eurípides poseemos más obras que de los otros dos trágicos:

  • Alcestis, tragedia de final feliz que ocupaba en la trilogía el lugar de un drama satírico. Reúne dos temas míticos: el de la mujer que ofrece su vida para liberar a su esposo de la muerte y el del héroe que lucha con la muerte para devolver la vida a un cadáver.
  • Medea cuenta la venganza de la protagonista ante la infidelidad de su marido, Jasón.
  • Los Heraclidas trata el tema de los suplicantes y la hospitalidad que se les debe.
  • Hipólito habla sobre la desmesura y la soberbia frente a la divinidad, representada por Afrodita, a la que Hipólito desprecia. Fedra, esposa de Teseo, enamorada de su hijastro Hipólito, que no le corresponde, lleva a la perdición a padre e hijo, acusándolo injustamente, y ella misma se mata.
  • Andrómaca, Hécuba y Las troyanas tratan las consecuencias de la guerra, en este caso la guerra de Troya, desde el punto de vista de las mujeres de los vencidos.
  • Las suplicantes ofrece el tema de los familiares que suplican la concesión de honras fúnebres para los suyos
  • Electra difiere en el tratamiento del mito y la importancia concedida a la estructura dramática de las obras del mismo tema de Esquilo y Sófocles. Eurípides desnuda el acto sangriento del matricidio de todo su ropaje heroico y critica a Apolo como instigador de tal tipo de venganza.
  • Heracles presenta al héroe en todo su esplendor y como salvador de los suyos en la primera parte; pero en la segunda, enloquecido por Hera, mata a estos hijos y esposa a quienes acaba de salvar. Destaca la intervención de Teseo, que le hace desistir del suicidio.
  • Ifigenia entre los tauros, Helena e Ion tienen en común las escenas de reconocimiento e intriga, paisajes exóticos, cambios repentinos de conducta y salvación en el último momento.
  • Las fenicias es la tragedia más larga, de tono épico y trama abigarrada, centrada en las desventuras de la dinastía tebana.
  • Ifigenia en Aulide, Bacantes y Orestes fueron representadas póstumamente por el sobrino del poeta, y obtuvieron el premio. La primera destaca por el estudio de la psicología de los personajes, con un profundo examen de los cambios de opinión.
  • Las Bacantes destaca por el tema del culto báquico y por la vuelta en el plano formal a la tragedia arcaica. La tensión dramática y el ritmo ascendente, hasta llegar a la explosión final, así como los relatos referidos al placido comportamiento de las ménades y el del travestimiento de Penteo para espiarlas, sitúan a esta tragedia a la altura de los más altos exponentes del género.
  • Orestes muestra la situación del personaje después de su matricidio, y sus planes para evitar su condena. Presenta unos héroes demasiado humanos, dolientes y miserables.

Además de las tragedias citadas, de Eurípides conservamos El cíclope, el único drama satírico completo que nos ha llegado.

Eurípides fue ante todo un gran poeta trágico que estuvo al  tanto de las corrientes ideológicas y culturales de su tiempo, y así, incluyó en sus obras frecuentes discusiones retóricas, en las que los personajes sacan a la luz teorías filosóficas en boga. Destaca en sus obras la presentación de unos personajes humanos, como los atenienses de su tiempo, vistos con toda lucidez y crudeza. Se le ha llamado el primer psicólogo y realmente es un investigador del mundo de los sentimientos y las pasiones.

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[ Tema 11 de las PAU, Comunitat Valenciana, 2010-2011]

1. INTRODUCCIÓN

El origen del teatro griego presenta aún muchos interrogantes.

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El teatro es un fenómeno básico de la cultura griega que surge a partir de las fiestas religiosas ligadas al culto de Dioniso; en ellas había representaciones a las que se incorporaron los personajes hasta llegar a la construcción de una obra teatral completa. En Atenas se desarrollan tres géneros dramáticos: tragedia, comedia y drama satírico, del que existen muy pocos testimonios.

La representación no se realizaba a lo largo de todo el año ni cuando el autor lo deseaba, sino solamente durante las fiestas Leneas (en enero), las Dionisiacas rurales (diciembre) y las Grandes Dionisiacas (en marzo).

El arconte epónimo convocaba un concurso de tragedia, comedia y lírica, y los candidatos presentaban sus obras para la selección previa. Normalmente cada poeta tenía que presentar tres tragedias (formasen o no una trilogía) y un drama satírico. La selección comportaba la asignación de un coro y un ciudadano rico (corego), que se encargaba de sufragar los gastos de la representación (choreguía). También se seleccionaban los actores y el poeta adiestraba al coro.

Cada día se representaban tres tragedias y un drama satírico. El último día estaba dedicado a las comedias: primero se representaban cinco y, posteriormente, tres. Finalmente se escogía al ganador, y tanto el poeta como el corego eran honrados.

En la tragedia primero hubo un solo actor, después dos y con Sófocles tres; cada uno interpretaba varios papeles. Eran siempre varones, de buena voz y perfecta pronunciación. Debían ser buenos cantantes, ya que la tragedia incorporaba canciones. Llevaban una máscara, un traje apropiado y coturnos. Además de los actores propiamente dichos, existen los coreutas o miembros del coro. El coro es un elemento básico en la tragedia, aunque a lo largo de la historia va perdiendo importancia. En principio eran doce personas y luego aumenta a quince. El coro canta y también dialoga con los actores; en algunas ocasiones, además, danza o imita con gestos lo que los actores dicen.

En la escenografía y las construcciones teatrales hay que distinguir varios elementos: en primer lugar la skene y la orquestra. En la skene se pueden distinguir dos plantas: el proskenion y el episkenion o piso alto, que puede estar dotado de una plataforma desde donde hablan los dioses. En la orquestra se mueve el coro, y en el centro esta el altar donde se coloca la estatua de la divinidad.

Hay dudas sobre la escenografía, no sabemos si había o no decorado. Tampoco hay acuerdo sobre algunos mecanismos, como el enquiclema, una plataforma con ruedas que permitía llevar a escena objetos o personajes que procedían del interior, como los cadáveres. También hay que citar 1a grúas (mechané), que traía a escena a los dioses en el teatro de Eurípides. Respecto a la puesta en escena, no hay acuerdo entre los críticos, pero parece que requería pocos elementos. El público parece que mostraba sus emociones ante el espectáculo, mostrando su agrado y su desagrado. Asistían las mujeres, incluso a las comedias. Los personajes importantes tenían un espacio reservado, la proedria.

La evolución del teatro llevó a que las construcciones de teatros en época romana, a partir del s.I d.C., fueran sensiblemente diferentes, así como el proceso de representación y las características propias del género. Pincha aqui para ver una reconstruccion del teatro romano de Italica.

Y se puede  ampliar esta escueta informacion consultando el estupendo post del blog EL PARAISO DE EUDORE.

Vistas desde arriba y desde las gradas del Teatro de Epidauro, uno de los mejores conservados, de http://www.dossiers.latroupeduroy.fr/11.html

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DIALOGOS DE LOS DIOSES

La editorial valenciana TILDE mantiene estre sus colecciones una dedicada al mundo de la Cultura Clásica. Ha publicado versiones  de la Eneida de Virgilio, de Las Metamorfosis de Ovidio, de los poemas homéricos… Ahora presenta una novedad en su colección al publicar una nueva traducción de los Diálogos de los dioses de Luciano de  Samosata con una propuesta didáctica para cada diálogo.

(Ver ficha)

Estos Diálogos de Luciano presentan algunos de los mitos más conocidos de la Mitología Griega, lo que convierte al libro en una atractiva lectura para alumnos de Secundaria, tanto de  Cultura Clásica como de Bachillerato.  De Zeus a Dioniso, todos los dioses del Panteón Homérico (excepto Poseidón, que sólo aparece tangencialmente) protagonizan alguno de los diálogos. Y junto a ellos, otros protagonistas como el hijo de Helios, Faetón, el titán Prometeo, Selene, los hermanos de Helena, Cástor y Pólux, Pan, y el omnipresente Eros. Los mitos que se retratan en cada diálogo son:

1. Prometeo encadenado.

2. Las metamorfosis de Zeus.

3. Ío convertida en ternera.

4. El rapto de Ganímedes.

5. Los celos de Hera.

6. Ixión y Nefele.

7. El nacimiento de Hermes.

8. El nacimiento de Atenea.

9. El nacimiento de Dioniso.

10. La gestación de Heracles.

11. Selene y Endimión.

12. Los dioses y el triunfo del Amor.

13. Las hazañas de Heracles.

14. El mito de Jacinto.

15. Los matrimonios de Hefesto.

16. Los hijos gemelos de Leto, Apolo y Ártemis.

17. El adulterio de Afrodita.

18. Dioniso y el vino.

19. Las diosas inmunes a Eros.

20. El juicio de Paris.

21. Zeus todopoderoso.

22. Pan y la paternidad de Hermes.

23. Los hijos de Afrodita.

24. Hermes y sus atribuciones.

25. La caída de Faetón.

26. Los dioscuroi Cástor y Pólux.

En esta versión cada diálogo está ilustrado con una o dos imágenes de cuadros de la Historia de la pintura, que están en blanco y negro pero que la editorial ha agrupado y colgado en la ficha del libro en su web para poder apreciar las imágenes mejor. El objetivo de las actividades planteadas es, junto a la ampliación de los conocimientos sobre la mitología griega, el desarrollo de la comprensión de la vinculación entre las artes, especialmente la relación entre Literatura y Pintura, tal y como ya plasmó Horacio en su ut pictura, poiesis.

Al final de la lectura, el alumno logra la identificación de las divinidades por sus diferentes atributos, lo que sin duda facilitará el entendimiento posterior de otras muchas obras pictóricas.

En el marco del desarrollo de las competencias en los alumnos de Enseñanza secundaria, se persigue la utilización de las distintas fuentes de información, por lo que entre los ejercicios son numerosos los que exigen el uso de las TICs.

Si quieres ver las fotos de los cuadros, pulsa aquí.

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