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Posts Tagged ‘Andrómaca’

La Andrómaca de Eurípides se sitúa, con ciertos reparos, en torno al 427 a.C. Trata las consecuencias de la guerra y, de alguna manera, se caracteriza por la acumulación de temas. Andrómaca, esposa de Héctor, vive ahora en Ptía como esclava de Neoptólemo a quien ha dado un hijo. Pero Hermione, la legítima esposa de Neoptólemo que no puede tener hijos, ciega de rabia la amenaza de muerte. Su padre Menelao la ayuda en sus planes, mientras que Peleo, anciano abuelo de Neoptólemo, defiende valientemente a Andrómaca y a su tierno biznieto. Al final, después del asesinato de Neoptólemo a manos de Orestes, Tetis aparece como dea ex machina resolviendo la situación.

En la literatura griega las emociones no se presentan generalmente en lo que podíamos llamar su estado puro: las mismas descripciones pueden referirse a emociones contrapuestas, y se tiende al simbolismo, especialmente de dos reacciones fundamentales: la risa y las lágrimas.

La Andrómaca de Eurípides es una pieza en la que “acontece desgracia tras desgracia” (v. 802), por lo que las lágrimas inundan la escena constantemente. En la Iliada veíamos a Andrómaca en el canto VI coger a su hijo en brazos dakruoen gelasasa, mientras lloraba con una sonrisa en los labios, traduciendo con ello la mezcla de emociones que es tan frecuente en los personajes homéricos. Pero en la obra de Eurípides sus lágrimas no  mantienen rastro de felicidad, aunque comportan ciertos rasgos de placer en cuanto que liberan a la mujer de parte de su dolor y, la propia Andrómaca afirma que siempre se ve envuelta en lamentos, gemidos y lágrimas desde la caída de Troya, y que “por su propia naturaleza, para las mujeres supone un alivio de sus desgracias presentes el tenerlas siempre en la boca y en la lengua” (v. 93-95, traducción de J.A. López Férez, ed. Cátedra)

En La Iliada son normales las lágrimas en los héroes troyanos, no son despreciados por ellas y no manifiestan ningún sentimiento de vergüenza. En un fragmento de Arquíloco ya se aprecia el concepto posterior de que “los hombres no lloran” y se manifiesta verbalmente la idea en las palabras que Eurípides pone en boca de Orestes cuando se dirige a Electra (Or.1022-1023) diciéndole que se resigne a los acontecimientos “dejando sus lamentaciones de mujer”  Será, no obstante, en Sófocles donde el héroe muestre su vergüenza por sus lágrimas: Áyax llora y muestra, dice, una conducta propia de mujer. En Eurípides, la idea de que las lágrimas son cosas de mujeres se convierte en una excusa que citan las propias heroinas: Andrómaca, después de contar su situación y pedirle a la esclava que vaya en busca de Peleo, le dice (v.91-ss) que ella se quedará soltando “hacia el éter los lamentos, gemidos y lágrimas“. Y así es durante toda su presencia en escena, en la que reduce su existencia posterior a la muerte de Héctor a  sus lamentos : “Muchas lágrimas me bajaron por el rostro cuando dejaba ciudad, tálamo y un esposo caído en el polvo […[ Torturada[…] me consumo en llanto como un manantial que desde una roca gotea“(v.110-ss) y repite la misma idea después : ” Tengo los ojos llenos de lágrimas; goteo como un manantial sin sol desde una roca lisa” (v.531-532), retomando el tema homérico de la fuente sombría que cae desde una roca, que Eurípides también utiliza en Suplicantes: “Insaciable, el doloroso placer de la lamentación me arrastra -como de una inaccesible roca corre una gota húmeda-…”

Andrómaca no puede retener sus lágrimas, porque las lágrimas son a veces una manera de hablar. En Sófocles, las lágrimas pueden llegar ser una forma de conducta: “…no quiero faltar a éste mi deber, tengo que seguir llorando a mi padre desdichado“, dice  Electra (Electra, v.132-ss). En Eurípides, en cambio, las lágrimas no sirven más que para constatar la impotencia: “¿Qué ganarías, si quisieras gemir siempre?”, pregunta Heraclés (Alcestis, v.1.079) Menos en Suplicantes, donde Teseo invita a Adrasto a que se explique en vez de llorar (v.111-112), los personajes de Eurípides usan sus lágrimas sin la finalidad de persuadir que encontrará la Retórica, sólo como un símbolo más de la desgracia que les embarga y como un medio de comunicación de ésta. Después del intento de suicidio, Hermíone pasa el tiempo en escena llorando: “Gimo por la funesta osadía que cometí” (v. 838)

Al principio del Agamenón de Eurípides, el rey se queja de que  no puede llorar como el común de los  mortales, pero en Andrómaca, Peleo sí llora lamentando la muerte de su hijo Neoptólemo cuando el mensajero la relata: ” anciano y desdichado, lloro” (v.1200), porque es un lugar común el llanto por los muertos, así como lo son las deploraciones anticipadas de muertes que, de hecho, luego no se producen. Este caso, que ya se da en la Odisea, es el caso de la propia Andrómaca, que en el dramático momento en que cree que ella y su hijo van a morir, justo antes de la intervención de Peleo, anticipa con sus lágrimas el patetismo del futuro inminente de su muerte. Y, a falta de más testigos que la lloren, es la propia heroina, con su hijo, quien deplora con lamentos su marcha: ” con mis manos ensangrentadas, ligadas con ataduras, […] suplica, hijo mío,[…] tengo los ojos llenos de lágrimas” (v. 501, 526, 531)

El llanto por los muertos se considera apropiado incluso en los hombres; Andrómaca le dice a su hijo en su despedida que le cuente a su padre Neoptólemo lo ocurrido “besándolo, vertiendo lágrimas y abrazándolo” (v. 418)

Y es que la vida entre lágrimas es propia de los mortales, a diferencia de los dioses, por lo que Tetis, en su aparición  final, le dice a Peleo que “debería haber tenido hijos que llantos no suscitan” (1237), es decir, inmortales.

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