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A pesar de que la palabra “clasicismo” puede tener significados distintos según el contexto, es fácil reconocer como clásico un edificio cuyos elementos decorativos proceden directa o indirectamente del vocabulario arquitectónico del mundo antiguo (columnas, maneras estándar de tratar los huecos, puertas y ventanas, molduras determinadas… pese a ser estándares que se apartan del modelo ideal, siguen siendo identificables).

No obstante, este “uniforme” no dice gran cosa acerca del clasicismo arquitectónico, cuya esencia parece ser, pese a las inacabables discusiones entre los eruditos, una constante armonía entre las partes, una armonía que se consigue mediante las proporciones, asegurando que las relaciones entre las distintas dimensiones de un edificio sean funciones aritméticas simples o relaciones numéricas sencillas.

Phillarmonic Hall del Lincoln Center, NY (Max Abramovitz, 1962), proporciones clásicas.

Es evidente que un edificio puede tener proporciones clásicas sin ser clásico: la arquitectura clásica solamente es identificable como tal cuando contiene alguna alusión a los “ÓRDENES” antiguos, ya sea una simple acanaladura o una pequeña cornisa.

  • ¿Qué son los órdenes?

La arquitectura reconoce cinco órdenes (toscano, dórico, jónico, corintio y compuesto) cada uno de los cuales es la unidad de columna y superestructura de la columnata de un templo; puede o no haber pedestal, pero es necesaria la existencia del entablamento (conjunto de arquitrabe, friso y cornisa).

La primera descripción escrita de los órdenes está en Vitruvio, arquitecto romano de época de Augusto (siglo I d.e.) que escribió el tratado De Arquitectura en diez libros, el único que nos ha transmitido la Antigüedad. En los libros III y IV describe tres órdenes, el jónico, el dórico y el corintio, y ofrece algunas notas sobre el toscano. Vitruvio señala las partes del mundo en que surgieron, a qué dioses y diosas conviene cada uno, y presenta cada orden como un cuerpo de fórmulas canónicas. Para Vitruvio los órdenes tenían casi representación humana, de forma que veía en el orden dórico un arquetipo de las proporciones, la fuerza y la elegancia del cuerpo del hombre, en el jónico la esbeltez femenina y en el corintio la ligera figura de una muchacha.

Sólo en el siglo XV, el arquitecto y humanista Leon Battista Alberti añadió el orden compuesto, que combina rasgos del jónico y el corintio. Un siglo después, Sebastiano Serlio canonizó los cinco órdenes convirtiéndolos en autoridad simbólica:

Órdenes en Arquitectura según Serlio.

Los órdenes en Arquitectura (Serlio, 1540, Tratado sobre las cinco maneras de construir)

Esos cinco órdenes se convirtieron en biblia para los sucesores de Serlio, de forma que los tratados de arquitectura de los siglos XVI y XVII solían comenzar con la misma lámina de los cinco órdenes alineados. Por tanto, corresponde al Renacimiento y no a los romanos el endiosamiento y la canonización de los órdenes arquitectónicos clásicos, que en realidad son susceptibles de bastantes variaciones, como el “orden francés” del Palacio de las Tullerías (Philibert de L’Orme, 1567), los capiteles de Borromini con foliaciones invertidas, el “jónico cuadrado” de Fréart (1650)…

El Covent Garden de Inigo Jones (1630) reconstruyó el orden toscano tal y como lo describía Vitruvio.

El toscano y el dórico son los dos órdenes más primitivos. Según Vitruvio, el orden DÓRICO deriva sus formas de un tipo primitivo de construcción en madera, puesto que los primeros templos del mundo antiguo se construían con ese material y solo gradualmente fue sustituido por piedra: se copiaron en la piedra o en el mármol los procedimientos de carpintería del entablamento y las formas se fueron estilizando.

Los mútulos parecen las cabezas de las vigas en voladizo que sostienen los aleros, cuya misión es que la lluvia caiga lejos de las columnas; los triglifos serían los extremos de las vigas transversales que descansan sobre el arquitrabe; las tenias tienen el aspecto de la juntura y aparecen aseguradas a los triglifos por las gotas, que no son sino clavijas.

El edificio representativo de las columnas fue el templo, que evolucionó desde Grecia a Roma. Uno de los templos romanos mejor conservados es el Corinthian Maison carré de Nîmes,(130 d.e.):

Maison Carré (Nîmes)

También se construyeron templos con una columnata circular, como el templo dedicado a Vesta cerca del Tíber, que ha perdido su entablamento:

Templo de Vesta, junto al Tíber (Roma)

El templo resurgió en el Renacimiento, cuando la Antigüedad fue reconsiderada, y con el Neoclasicismo del XIX, como se observa en La Madelaine de Paris, iniciado como iglesia, continuado como templo de la Gloria por Napoleón, y terminado en 1842 como iglesia.

El Capitolio del Estado de Virginia (Richmond, USA) se inició como un templo jónico. También hubo variantes sobre el tema del templo circular, como el templo de sant Pietro in Montorio, de Bramante (1502), la cúpula de saint Paul de Londres (Wren, 1696-1708) o la Biblioteca Radcliffe de Oxford (1739-1740).

  • Más allá del orden en la arquitectura romana: anfiteatros, arcos, termas…

En Roma, exceptuando los templos, todos los edificios importantes se diseñaron sobre la base de arcos y bóvedas, mientras que los órdenes correspondían, en rigor, a un sistema más primitivo, el de la arquitectura adintelada. El ensamblaje de ambos sistemas asignando a los antiguos tipos de columnas la función de sostener arcos, tenía dos problemas:

a)     Por un lado, la asociación de las columnas con sus entablamentos estaba tan normalizada que su separación suponía una especie de mutilación.

b)     Por otra parte, los edificios abovedados no necesitaban columnas, demasiado delgadas, sino robustos contrafuertes para soportar las cargas.

La solución que inventaron los romanos fue enmarcar cada hilera de arcos con una columnata continua, como se ve en el Coliseo, un anfiteatro con galerías, donde la finalidad de las columnas es nula:

Coliseo (Roma)

Cada una de las plantas recibió una columnata de un orden (el dórico, más simple y fuerte, abajo, seguido del jónico, más ligero, y de un elegante corintio, y en la última planta, y ciega, un orden indeterminado que sólo está presente en el Coliseo). La combinación y la superposición de órdenes está perfectamente ejemplificada en este edificio.

Esta combinación del sistema adintelado con el arqueado tiene determinadas exigencias estéticas que afectan a la forma y las dimensiones de los arcos y los estribos; por ejemplo, en la segunda planta las molduras del pedestal de las columnas jónicas están alineadas con la peana de la galería arqueada. Se busca el equilibrio entre la dictadura estética de los órdenes y las exigencias prácticas de la construcción.

Los arcos de triunfo de Roma, de los que Serlio nombra once, son también reflejo de esta combinación de los dos sistemas, con la división de un espacio en tres partes desiguales (estrecha, ancha, estrecha) mediante columnas.

Arco de Constantino (Roma)

El arco de Constantino es un voluminoso bloque rectangular con tres huecos: el arco central es el arco principal y los otros dos los auxiliares, más bajos y estrechos. Contra los cuatro estribos que sostienen los arcos hay cuatro columnas sobre pedestales que se alzan hasta un entablamento que irrumpe hacia afuera sobre cada columna y sostiene una estatua erecta en cada uno de estos puntos de ruptura. Encima del entablamento hay una superestructura llamada ático.

La clave  del arco central se empotra en la línea inferior del entablamento, y las claves de los arcos laterales se sitúan sobre las líneas de impostas del arco central, de forma que los tres arcos presentan la misma relación altura –anchura. La altura del entablamento es la que se necesita para que la columna y su pedestal cubran la distancia que separa el suelo del entablamento:

Edificios como el Templo Malatestiano de Alberti (aprox. 1450) están inspirados en este esquema del arco triunfal.

Templo Malatestiano (Alberti)

Otra construcción típica de arquitectura romana son las termas, con sus enormes salas abovedadas. Miguel Ángel convirtió el tepidarium de los baños de Diocleciano en la iglesia de Santa María de los Ángeles (1563):

 

  • Intercolumnio

El espaciado entre las columnas o intercolumnio marca el estilo de los edificios y los romanos establecieron cinco tipos, medidos en diámetros de columna, según recoge Vitruvio:

-picnóstilo : el de menor espaciado, de 1,5 diámetros de columna;

-sístilo

-éustilo

-diástilo: de 3 diámetros

-areóstilo: el más amplio, de 5 diámetros.

Dejan la posibilidad de grandes variaciones: columnas pareadas, pares espaciados de columnas…

(Fuente principal: El lenguaje clásico de la Arquitectura, John Summerson. Ed. Gustavo Gili, 1974)

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